jueves, 31 de agosto de 2006

Jartito me tienen...

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Debía tener dieciseis años o así cuando, por mediación de la Matarife (una magnífica compañera de estudios y sin embargo amiga, que se ganó el mote por su pasión por La Matanza de Texas y las torturas inquisitoriales) descubrí a The Cure, Páralisis Permanente, The Sisters of Mercy y Siouxie and the Banshees, entre otros que, aún a día de hoy, me acompañan. Y yo, que siempre he sido muy caro a los temas de lo oculto, lo macabro, lo grotesco, lo arabesco, lo fantasmagórico y lo morboso (en el sentido etimológico del término, "relativo a una enfermedad malsana", aunque también en el usual y sicalíptico), se podría decir que desperté a mi lado siniestro. Ya saben, esa tribu urbana (horrenda y errónea expresión) también conocidos como ojcuros, cucarachas o góticos (denominación esta absolutamente desafortunada, el gótico, como explicaban en historia de tercero de BUP, es vertical, hunde sus raíces en el Infierno para elevar los campanarios hasta el Cielo. Los siniestros, en su mayoría, son más bien románicos. Horizontales. Planos. Como su encefalograma). Claro está que uno siempre ha sido de natural discreto, y eso no supuso que empezase a llevar un estropajo pasado de tripis a modo de peluca (como Robert Smith) ni a pintarme como una puerta ni a vestirme como si viniera constantemente de las Cuevas del Sado. Pero el cambio principal (al menos externamente), sí que se dió en el vestuario. En el color del vestuario, para ser concretos, que viró indefectiblemente (y aún hoy es así) hacia el negro y el índigo. El rojo (que a día de hoy es otro de los colores predominantes en mi armario) no llegaría hasta la veintena, y no fue hasta los veinticinco que empecé a comprarme (por gusto) ropa blanca. No sé exactamente qué compuerta se abrió en mi cabeza sobre los 28 años (aunque me la imagino), pero sobre esa edad fue cuando empecé a tener ropa de colores.

Explico esto porque llevo aproximadamente trece años aguantando estóicamente puyas más o menos malintencionadas sobre mi vestuario y su (aparente, pero falsa) monocromía. Recuerdo especialmente cuando, con diecisiete o así, me compré en El Camello unas gafas de sol especialmente... curiosas. En aquella época se llevaban las gafas de sol mínimas, que apenas si cubrían por completo el globo ocular, y con cristales ténuemente teñidos de marrón o de verde oliva. Una mierda como gafas de sol, vamos, porque ni te protegían del sol ni nada. Las mias, en cambio, tenían cristales totalmente negros, elípticos y, en lugar de ser rectas, describían una curva que hacían que el conjunto se "ajustara" a la cara, protegiendo aún más los ojos del sol, puesto que cubrían también los laterales. Las compré porque me parecieron curiosas y me hicieron gracia, nunca había visto un diseño similar. Y resultaron ser unas de las mejores y más cómodas gafas de sol que he tenido, hasta que el uso acabó haciendo que una de las sujecciones de la nariz se rompiera. Todavía deben estar guardadas en algún cajón. Como he dicho, nunca había visto un diseño similar a ese, y de hecho pasaron un par de años antes de que ese diseño se pusiera de moda y las empezase a llevar todo el mundo, hasta acabar en la situación en que están hoy en día, como modelo de gafa de sol típico de bakaluti de extrarradio. Sí, eran ese modelo de gafas, sólo que las mias tenían montura metálica y eran negras por completo. Bueno, pues esos dos años, hasta que alguien decidió que se podían poner de moda, me los pasé escuchando comentarios con mejor o peor intención sobre "moscas". Se imaginan el por qué? Eso mismo.

Ya les digo que hace tiempo que mi vestuario no se ciñe al negro y el azul oscuro. Que tampoco fue verdad nunca, pero sí es cierto que predominaban. Que verme uniformado de negro (salvo ocasiones contadísimas) es complicado. Que verme con un jersey de colores, con una camisa blanca, un pantalón amarillo o una camiseta verde pistacho no es, en absoluto, tan raro. Pero aún tengo que aguantar coñas y pullitas al respecto, y comentarios del tipo "uy, pero qué haces tú tan colorido, qué te ha pasado". Criticándome la estética.

Y ahora, cuando pongo una nota de color (verde) y alegría en un blog, por otra parte, quizá excesivamente sobrio y solemne (que está hecho así porque me gusta así, y me gusta así porque soy así, sobrio y solemne hasta cuando no lo soy, y no hay más que hablar), me lo vienen a criticar... por cuestiones de estética!?.

Sea pues. Nada de verde. Rojo y negro. Sangre y luto. Los colores anarquistas. Los colores sobrios y solemnes por antonomasia. Ustedes lo han querido. La imagen de la derecha, por cierto, es el doble cráneo que corona el escudo de la República.

Pero a la próxima queja, les haré fusilar.

Después de sacarles los ojos.

Para que no sufran daños, claro.

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miércoles, 30 de agosto de 2006

Música horizontal

Lento pero seguro. Uno puede tener tantos defectos como sean capaces de imaginar, pero entre ellos no está, en ningún caso, el de no tener palabra. Valgo lo que vale mi palabra, y, nenes, yo valgo mucho. Y cuando doy la palabra, la cumplo. Y eso es extensible a este blog. Eso, por supuesto, no significa cumplirla inmediatamente. Las cosas, o se hacen bien, o no se hacen, y ya saben que lo bueno se hace esperar. Y como me parece que me he quedado ya sin lugares comunes aplicables, vamos al turrón, vale?

La cosa es que hace algunos meses, en una conversación intrascendente debidamente regada de alcohol (habíamos empezado a beber a aquello de las doce del mediodía y debían ser sobre las seis) me preguntaron sobre qué música escuchaba. Vale, la pregunta muy original no era, y además la respuesta no es precisamente fácil, porque escuchar, lo que se dice escuchar, escucho de todo. Vale, hay cosas que me hacen huir como de la peste, como La Oreja de Van Gogh, El sueño de Morfeo, Maná o el Walking on sunshine. En los dos últimos casos por motivos personales, más que otra cosa (bueno, en el caso de Maná también por motivos musicales), y en los dos primeros por motivos obvios (que son una mierda pinchá'n un palo). Aparte de eso, cualquier cosa es aceptable, en determinadas circunstancias, compañías, lugares y estados de consciencia alterados.

Como con esto (la versión resumida, por supuesto no le solté toda esa perorata, que estaba yo ya un poco perjudicao también a esas horas) no se dio mi (agradable) audiencia por conforme, concretaron más la pregunta a "qué musica usas para follar". Y quedaron como el culo, claro, porque demostraron que no se habían leído (ejem!) este post, que era relativamente reciente. Así que quedamos en que algún dia, con más tiempo, menos ruido y la cabeza un poco más clara, explicaría mi teoría al respecto largo y tendido. Nobleza obliga, y a ello vamos, aunque para ello tenga que enmendarme la plana (parcialmente) a mi mismo, porque me he dado cuenta de que incluí un error conceptual grave.

Sostengo la mayor. Para follar, no se debe usar música NUNCA. En el peor de los casos, radiofórmulas de estas sin noticias (que pueden destrempar a cualquiera) ni presentadores (que a veces son más destrempantes aún que las noticias). La música, cualquier música, marca un ritmo, una cadencia, un tempo que, instinstivamente, se tiende a seguir. Si, encima, te conoces (tu la pareja de turno) el tema en cuestión, puedes verte venir dónde vienen los cambios de ritmo. Y no se cómo lo ven, pero follar mientras sigues una coreografía es muy triste. La gracia (una de ellas) está en los cambios de ritmo (también de postura, pero ahora hablábamos de ritmo) más o menos inesperados por al menos una de las partes implicadas, y en seguir el ritmo que te pide el cuerpo (literalmente, además), no el que te marque una base rítmica de fondos. Recuerden: llevarse a alguien al catre no significa condenarse a galeras. Que si no, mal vamos.

En cambio, en los previos al polvo la música ambiental sí puede ser muy importante. Y entíendase por "previos" cualquier cosa que quede entre el postre de la cena (supongamos el clásico polvo nocturno, aunque conviene recordar que para follar, cualquier hora es buena) y lo que viene a ser el polvo en sí. Pero, como siempre, la cosa depende de la situación y de la(s) persona(s) implicada(s). Y aquí viene cuando digo que me enmiendo la plana, porque si en el meme previamente enlazado abogué por los boleros, una vez repensado el asunto, me tengo que desdecir. Y es que los boleros, en general, presentan dos problemas graves: uno, que suelen ser cantados en castellano, y por tanto la letra se entiende. Y dos, que esas letras suelen ser la cosa más triste, traumática y arrastrada que te puedas echar a la cara. Y claro, estar dándote el lote con alguien, que suene de fondo "teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro" (Puro teatro, de La Lupe), o, peor aún, "te odio, te odio tanto, que yo mismo me espanto de mi forma de odiar" (Bravo, de Olga Guillot), ambos dos bolerazos que quitan el sentido, pues como que no es plan, no nos engañemos. Por supuesto, hay excepciones, como el (ideal para desnudar a alguien) Bésame mucho (por ejemplo, en la fantástica versión de Cesárea Évora), Bolero, bolero, de Celia Cruz, La Mentira, en versión de Ana Belén, Lía, también de la misma o La gloria eres tú (recomiendo la versión de Lucrecia. Qué coño, recomiendo todos los boleros de Lucrecia, que lástima que haya dejado de cantarlos). Y en el mismo saco, y por los mismos problemas, meto las coplas (salvando cosas como Y sin embargo, te quiero, en qualquier versión), y los tangos (aunque A media luz, por supuesto y sobra decirlo tratándose de un tango, cantado por Gardel, es más que adecuada). El tango, además, tiene un problema añadido, y es que tiene el baile más intrínsecamente erótico que la humanidad haya sido capaz de crear (no en vano es un baile de burdel)... pero hay que saber bailarlo, porque si no es un rompepiernas. Y recuerden que la idea era acabar follando, no en urgencias.

Desligándonos de los géneros, digamos, clásicos, y entrando más en lo que serían los terrenos del pop (sea lo que sea eso, que no lo tengo yo demasiado claro), la cosa no es que se clarifique demasiado, tampoco. Porque lo suyo es encontrar temas que inciten al tocamiento, el rozamiento, la intimidad y el intercambio de fluidos. Que tengan, en fin, un punto erótico. Descartados engendros como la lambada (y hablo del baile que la acompañaba, no del tema en sí, que está bien) o esa especie de hijo tonto y feo que le ha salido que es el reaggetón, que son cualquier cosa menos incitantes al sexo (si hablásemos del asesinato de masas, ya es otra cosa), nos queda un universo. Uno, en principio, se decantaría por baladas, pero no me atrevo a escribir tal cosa. Porque, para empezar, si dices "balada" a alguien se le puede venir a la cabeza el Vivo por ella de Bocchelli-Sánchez (y a ver cuánto tarda alguien en hacer un chiste con el "poyeya"), y cuando yo hablaba de "intercambio de fluidos" no me venía a referir a vómitos, precisamente. Baladas, como tal, para lo que nos interesa, las de Scorpions y gracias. También en guitarreo suave, Steve Vai tiene algunos cortes más que interesantes para el tema, como Whispering a prayer o In my dreams with you (y no les pongo más nombres porque no encuentro los discos, cagontó, pero haberlos haylos). En general, las baladas heavys van muy bien, porque tienen ese punto agrio que hace que no puedan llegar a ser empalagosas.

Más. Reggae light. Cosas como el Red, red wine de los UB40 o el No woman, no cry de Marley (vale, esta no es light, precisamente, es reggae puro y duro). Blues, soul y, en general, cualquier cosa donde haya largos solos de saxo (no me pregunten por qué, pero el saxo es el instrumento sexualmente más excitante, del mismo modo que el violín el más irritante), y aquí incluyo (aunque sea de rondón) cosas como el Smooth operator de Sade o el Deseo Carnal de Alaska y Dinarama. Y como géneros, poco más.

Insisto, la cosa es muy personal e intransferible y depende mucho de quienes estén implicados y del tipo de sexo que se pretenda realizar. Personalmente, considero que una de las canciones con mayor carga erótica subyacente que se haya escrito nunca es el Lullaby de The Cure. Me pone y me hace venir ideas pecaminosas a la mente, raro que es uno. Pero también serían válidos el Perfect day de Lou Reed (para una cosa suavita y romanticona), el Sinceramente tuyo de Serrat, el You're still the one de Shanya Twain, el Love song for a vampire de Annie Lennox, el Missing de Everything but the girl, el Flamboyant o el Se a vida é de Pet Shop Boys, el Under the Gun o el Temple of Love de The Sisters of Mercy, el Army of me de Björk o, ya para un polvo de aquellos que al dia siguiente tienes que inyectarte nolotil en el nervio óptico para poder caminar, la versión del Lay, lady, lay o el Thieves de Ministry. Por poner algunos, y nótese que he ido haciendo un crescendo en cuanto a la intensidad de lo que vendría a ser el acoso y derribo mútuo.

Pero en el fondo todo esto no es más que un pourparler. Oigan, que si han llegado a la (hagamos un símil absurdo) "parrilla de salida", y se tienen que poner a escoger minuciosamente la música que ha de sonar durante el precalentamiento, casi que lo dejemos correr. Eso suponiendo que no les dejen a ustedes con los cedés en la mano y el aparato reproductor (sutil a la par que elegante juego de palabras) listo para trabajar y teniendo que tocar para si mismo. Y sería muy triste, no creen?

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martes, 29 de agosto de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XIV)

Como ya expliqué hace poco, lo mio con los libros es un problema. Que más que leerlos, los colecciono compulsivamente. Los acabo leyendo, sí, pero mientras tanto, se me acumulan y acumulan. Y para acabarlo de arreglar, por si no tuviese bastante con los (en principio, que luego de todo hay) libros que me compro, le robo a mi hermano o cojo en la biblioteca, aquí el abajofirmante hace bookcrossing. Y en esto de vez en cuando te encuentras alguna joyita, pero lo que más abundan (para qué engañarnos) son truños y best-sellers de temporada.

Y cuando uno mete la mano en el agujero del Árbol de Yago y lo que saca es un tocho de más de seiscientas páginas, dónde lo que se ve en la portada es "John Grisham" y "Colección grandes best-sellers El Periódico", y casi tiene que buscar El testamento (que es el título), porque prácticamente no se ve, sabe que lo que debería hacer es volver a dejarlo discretamente, salir por pies y dedicar su (escaso) tiempo a cosas más interesantes, como la contemplación mística del gorgojo de la patata o la masturbación compulsiva. Pero miren, soy un enfermo (existe bibliófagos anónimos, pregunto?). Así que lo cogí y me lo leí. Y como uno no se lee un mamotreto de ese tamaño que, en el fondo, no le aporta nada, para nada, pues les pongo aquí la crítca y me salva un post.

La novela empieza con Troy McLure... digoooo, Troy Phelan, un yayo cabrón, putero, hijoputa y multimillonario (once mil millones -presupongo que yanquis, así que en realidad serían sólo once millones, pero bueno, yo hay dias en que no los gano Uy po' dios, qué tontería más grande... que las variaciones empiezan a partir del billón... Nada, nada, sigan leyendo, aquí no hay nada que ver- de dolares de nada) que decide suicidarse y joder con un testamento (van entendiendo de dónde viene el título?) firmado a últimísima hora a sus herederos, una panda de capullos lo mejor que se puede decir de ellos es que son gilipoyas acabados, y de ahí p'arriba, lo que quieran. Estos, que se las prometían ya muy felices con la fortuna de papá (pronúnciese con la boca abierta del todo, como si se les hubiese desencajao la mandíbula) se ponen a gastar como si se acabara el mundo desde el momento en que el viejo se tiró desde un piso dieciocho (luto? qué es eso?), sin tener en cuenta que, por orden expresa del muerto, no se podrá hacer lectura pública del testamento hasta pasado un mes.

Los abogados encargados de la testamentaría, pero, sí que tienen que leerlo antes, y se encuentran, oh sorpresa, que Troy no les ha dejado nada a sus hijos ni a sus ex mujeres, y se lo ha dejado todo a una hija ilegítima que tuvo hace años, y de la que lo único que ha sido capaz de averiguar es que está trabajando de misionera con los indios del Pantanal, una zona pantanosa (como su nombre indica) limítrofe entre el Brasil y el Paraguay, y donde la civilización (o lo que sea) occidental no ha llegado. Y claro, tienen que contactar con ella. Así que deciden enviar a buscarla a un abogado retirado (a la fuerza), alcohólico, drogadizo, putero, mal padre, workalcoholic, defraudador de hacienda... Vamos, lo mejor de cada casa. De todas ellas. Y el tio que viaja al Brasil, se intenta suicidar, pasa las mil y una en el Pantanal, está a punto de morirse un par de veces, acaba encontrándola, se medioencoña de ella, ella pasa de él como de la mierda porque va de beata por la vida y se niega a firmar los papeles de la herencia, y el se tiene que volver a Guasintón con el rabo entre las piernas y una infección por Dengue que casi se lo lleva por delante (otra vez). Mientras tanto, se han ido mostrando los tejemanejes de los abogados para intentar llevarse la mayor parte del pastel posible, a cual más sucia, rastrera y miserable.

Pero claro, como necesitan que la bastarda beata acepte la herencia o bien renuncie a ella, y todos (menos los abogados de los otros hijos) se muestran horrorizados ante la idea de que puedan heredar esa fortuna los hijos legítimos de Phelan, porque se la pulirían en dos meses, llevándose de paso por delante toda la economía de los Estados Unidos, pues lo vuelven a enviar allá abajo para que le proponga un trato: introducir el dinero en un fondo fiduciario de forma que sólo se puedan tocar los intereses, y que estos vayan íntegramente a obras de caridad, que es algo a lo que ella no podría negarse. Y él, que por el camino se ha regenerado, ya no bebe, fuma ni va con mujeres, se ha reconciliado con sus hijos, ha descubierto al dios único y verdadero y se ha hecho muy amigo de un cura (y cada vez está más encoñado de ella), pues se vuelve p'allá abajo sólo para descubrir que ella ha muerto de cólera y ha dejado un testamento donde dispone poco más o menos lo que le iban a proponer. Fin.

Seiscientas páginas y pico para explicar esa chorrada que no le interesa a naide. Pero miren, no se hace (demasiado) largo, se lee bien, entretiene y tiene unas descripciones de la selva bastante bonitas (aunque el autor se vea obligado a poner un epílogo diciendo que, pese a lo que pueda parecer leyendo la novela, la mayoría de los turistas que van al pantanal sobreviven y no se los come una boa, y que la medicina en Brasil no es tan tercermundista y horrible como la pinta). Pensar, lo que se dice pensar, tampoco es que haga. Pero es un best-seller, tampoco se esperaba eso. Un cinco raspadito. Y a ver si mañana me deshago de una vez del ladrillo y se lo paso a otro pobre incauto...

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lunes, 28 de agosto de 2006

Bésame mucho

Leo en La Vanguardia del domingo pasado, en las páginas de La Revista, que una cadena de cines brasileña (concretamente, por si hay algún interesado, Cinesystem) ha decidido, en lugar (o además de, no me ha acabado de quedar claro) de hacer descuentos en las entradas durante el dia del espectador, hacer también un descuento a las parejas que, a la hora de comprar las entradas, demuestren su apasonamiento dándose un beso. La única condición (no hacen distinción por edades ni sexo de los integrantes de la pareja, dicen) es que el beso ha de ser (lógicamente) de película. Nada de castos besos en la mejilla, ha de haber repaso de encías completo. El artículo no dice nada, pero entiendo que tampoco son válidos los besos en la almejilla (chista barato y soez, pero es que estaba a güevo), ni los besos negros. La cosa está en imitar delante de la taquillera a Clack Gable y Vivian Leigh en Lo que el viento se llevó. A su relación dentro de pantalla, me vengo a referir, que tampoco es plan de que uno de los dos se dedique a comer ajos un cuarto de hora antes para joder al otro (siempre y cuando al otro no le guste el ajo, claro). Y miren, la cosa me parece bien y mal, según como lo mire.

Por una parte, mal, muy mal. Porque es una discriminación intolerable para los que no tenemos pareja, porque no se cómo estarán las cosas por el Brasil, pero si es como por aquí, un viernes de estreno, con sus colas, si la gente se tiene que ir parando en las taquillas a hacerle sonar la campanilla al partenaire de turno, los besos pueden acabar derivando en botellazos según se vaya eternizando la cosa, porque no veo cómo se va a poder aplicar a las entradas compradas anticipadamente (por teléfono, por internete o por cajeros automáticos, si tales servicios existieran o existiesen, que no se si se da el caso), salvo que haya que enviar un vídeo del beso certificado ante notario, lo que sería un coñazo (y, en caso contrario, sería de nuevo discriminación), y porque si se encuentran con alguien aquejado de basoexia (vamos, a los que besar como dios manda -y me incluyo- nos pone burros), como encima la peli sea un tanto subida de tono, puessss... digamos que en la oscuridad del cine pueden pasar muchas cosas. Y si es una última sesión todo el problema sería para el equipo de limpieza (que seguro que se han encontrado cosas peores), pero como fuese una sesión de tarde (o peor, una matinal), los que entrasen después podrían acabar saliendo con un buen manchurrón en los pantalones que a ver cómo lo explicas luego en casa.

Pero, por otra parte, me parece una iniciativa fantástica, sobretodo en este mundo en que vivimos, la de promover que la gente no sólo se quiera, sino que lo demuestre públicamente. Besarse es bueno, bonito, barato, natural y sano (herpes y mononucleosis aparte), provoca el movimiento de más de treinta músculos faciales (y hablo sólo del beso, no del sobeteo que lo acompañe), activa cinco de los principales nervios del cuerpo, aumenta el ritmo cardiaco y libera glucosa en sangre. Y puede provocar ataques de bilis, subidas de tensión, infartos, accesos de ira y piedras en el riñon a esos, los de siempre, los que son la misma mierda vistan el uniforme que vistan, ya saben a quienes me refiero. Y no les provoca ataques de caspa y halitosis porque eso ya lo traen de serie. Y miren, visto así, no deja de ser una labor social. Que siempre lo he defendido y lo sigo defendiendo, la gente necesita follar más, bailar más, tocarse más, hablar más, cantar más y, por qué no? besarse más. Dame más, dame más, dame tus besos robados una vez más. Y mejor nos iría a todos.

Y esto, que parece una obviedad (y lo es) hay que decirlo más. Como lo de llamar hijo de puta a según quién (y seguro que tienen a alguien en mente, en caso contrario, relean el párrafo anterior y les vendrá a la cabeza algún que otro ejemplo, sin duda). Porque hay quien no parece tenerlo tan claro (y no me refiero sólo a esos, que ya sabemos que el único beso que conocen y quieren conocer es el de Judas, y lo digo tanto en el sentido literal como en el metafórico). Y es que, por lo que dice el artículo, hay gente (sobretodo hombres) que prefieren pagar más a darse un filetón en público. Que alguno habrá que vaya con la querida y no le interese hacer demostraciones públicas de afecto por motivos obvios, pero en la mayoría de los casos es, te lo mires como te lo mires, una gilipollez como un piano. Que además bordea la tragedia en casos como el de la chica que se fue llorando porque su novio se negó a besarla en taquilla (lo que demuestra por una parte que ella era una pámfila, y por otra que, o bien el tio es un fiera en la cama, o tiene una piscina de billetes como la del tio Gilito, o bien el dia siguiente ya no tenía novia, porque vamos, a mi -y a la mayoría de las mujeres que me precio en considerar amigas- me hacen algo así y a los cinco minutos tienes una escena de evisceración genital en vivo que ríete tu de Viernes 13 III). Y que no lloraré por él, que se merece todo lo que le pase. Quizá para compensarlo, otro zagal aprovechó la ocasión para pedirle la mano y regalarle el anillo de compromiso a su garota. Que no es la ocasión ni el escenario más propicio para algo así, y que simplemente imaginarme la escena ha logrado que se me suba el azúcar a niveles peligrosos (nene, eres un hortera sin paliativos, te lo digo por tu bien)? Pues sí, pero que le vamos a hacer, soy consciente de que vivo en una sociedad que se cree que puede comprar el romanticismo en el Carrefour...

Y ahora, bésense.

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domingo, 27 de agosto de 2006

Citas (XXXI)

Avería: La vanguardia me produce taquicardia. Válvulas, bujías y turbinas, esta idea es divina: Haremos enormes edificios sólo de desperdicios e imitaremos a Fidias usando sólo inmudicias.
Vídeo: La basura es cultura.
Avería: La cultura es basura!
Vídeo: Pintaremos grandes obras empleando sólo sobras: en vez de dárselas al gato, pintaremos un retrato.
Avería: Por Viricón y por Carbura, con la basura haremos esculturas. Te nombraré ministro de Cultura!
Vídeo: Todo será cultura, todo será basura: Viva la humanidad futura!

Diálogo de Los electroduendes, Santiago Alba Rico.

No, no le la imagen no es un armario de casa de mi abuela. Es una escultura de la Fundació Tàpies. Eso mismo.

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El test de las cinco (XIX)


Pirates of the Caribbean; Which Character are you most like?




You are most like Jack Sparrow! Or should I say, "captain" Jack Sparrow ;D Brave, adventerous, and most of all; hillarious, you always get into all sorts of trouble but manage to get out of it. You would never lose the Black Pearl; even if it means being hand cuffed to it and getting eaten by a giant squid with thousands of teeth and foul breath!
Take this quiz!


Bueno... Puestos a ser un pirata con pluma, casi que hubiese preferido al Long John Silver de los Teleñecos en la Isla del Tesoro, pero mejor que pavisoso de Turner...

(y pa' qué hago yo tests donde ninguna de las respuestas posibles me iban a buscar, me pregunto?)

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miércoles, 23 de agosto de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XIII)

Dije ayer que hoy seguiríamos hablando de piratas. De piratas fantasmas, además. Concretamente, de Los piratas fantasma, de William Hope Hodgson. Un autor y una novela que no me sonaban absolutamente de nada, pero que me encontré en las estanterías de Gigamesh, por poco más de seis euros, en plena orgía consumisto-bibliófila de Sant Jordi, con una recomendación en contraportada del mismísimo Lovecraft (que la ponía como la novena maravilla hecha novela). Y claro, Sant Jordi, novela, barata, recomendada por Lovecraft, de piratas, de fantasmas... qué más podía pedir (bueno, sí, que hubiese también sexo y fuese... no se, "Los eróticos piratas fantasma". Pero teniendo en cuenta que es una novela donde no aparece ni una sóla mujer -ya saben que las mujeres en los barcos traen mala suerte-, igual hubiese resultado ser un pelín demasiado gai para mí). Así que fue al saco.

Y no diré que los halagos del de Providence (y del prologuista) no sean merecidos. Realmente la novela está muy bien escrita, el autor demuestra tener un conocimiento exhaustivo del arte de la marinería (y se agradece infinito el glosario de términos marineros que los de Valdemar han incluido al final, porque si no no habría forma de seguir la novela), y realmente consigue mantener la tensión en todo momento a lo largo del texto, sin altibajos de ninguna clase. Vamos, que en el debe, tanto en lo que respecta a la novela en sí como a la traducción y la edición, sólo puedo poner eso, que exige saber demasiado de marinería para poder leerla agilmente (aunque no llega a los niveles de Veinte mil leguas de viaje submarino, donde se pueden arrancar páginas enteras dedicadas exclusivamente a clasificación taxonómica de peces), y el que el autor decide demasiado pronot (como en el capítulo tercero o así) decantar decididamente la historia por la vertiente sobrenatural, anulando cualquier posibilidad de dar una explicación racional a los sucesos del barco. Personalmente, encuentro que eso mata el misterio, porque una vez sabes que, efectivamente, hay fantasmas, no queda más que esperar el final no-feliz. Toda la novela hubiese sido más efectiva como novela de horror si la constatación de que todo lo que ha pasado no es por una coincidencia de causas naturales e imaginación desbordada de los marinos, sino por que el barco está efectivamente encantado, se hubiese reservado al tercer capítulo... empezando por el final. Pero todo lo demás es simplemente perfecto.

La historia es la del Morzestus, un velero con fama de embrujado que parte de San Francisco para atravesar el Pacífico con toda la tripulación (salvo un hombre) nueva, porque la anterior abandonó el barco en cuanto este tocó puerto sin esperarse ni siquiera a cobrar sus sueldos, asustados por lo que había pasado en la anterior travesía, donde habían muerto en extrañas circunstancias dos o tres marinos. Uno de los marinos nuevos se hace amigo del que había quedado del otro viaje, y este le dice que la leyenda es cierta, y que en el barco hay demasiadas sombras. Y claro, las sombras (de forma humanoide, que se mueven solas y que salen y entran del mar) empiezan a aparecer y a atacar a los marinos, con especial predilección por los que se quedan sólos y/o en los mástiles durante la noche, a la vez que aparece una extraña neblina y el barco se va viendo aislado de la realidad. Y aquí viene la explciación, muy Claremont (y muy poco creíble), a la que llegan los marinos: no es que sean fantasmas en el sentido clásico del término, sino que ese barco tiene una predisposición especial para entrar en contacto con otras realidades superpuestas con la nuestra, que es de donde vienen esas sombras. A partir de esto se desarrolla una especie de proto-body count, donde diferentes marineros van siendo atacados y muertos (o simplemente desxaparecen), empezando, en la más pura tradición del body count, por el superviviente de la anterior aventura que no es el protagonista (esto creo que es un punto que no tuvieron en cuenta en Scream: Si sobrevives a un asesino en serie, y no eres el prota de la siguiente secuela, vas a ser el primero en morir y además vas a tener la muerte más espectacular). Sin embargo, y en contra de lo que manda la tradición de las pelis de serial killer, aquí prácticamente todos los personajes son descritos y perfilados al detalle, y, sin llegar a decir que caen simpáticos (que va a ser que no), si que al menos son personas, no monigotes cuya única función es morir de formas más o menos imaginativas. Finalmente, la cosa desemboca en un grand finale, muy Lovecraft y muy espectacular, con flota fantas surgiendo de los mares y todo, y donde muere hasta el apuntador.

Muy buena novela, muy bien escrita, muy completa y muy recomendable. Le doy un ocho y medio.

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martes, 22 de agosto de 2006

Ron, ron, ron...

...la botella de ron!

No, no voy a hablar de la SGAE, tranquilos. Desde la República hace tiempo que se tiene declarada guerra abierta contra esos corsarios ("Se dice del buque que andaba al corso, con patente del gobierno de su nación", siendo "corso" "campaña marítima que se hace al comercio enemigo, siguiendo las leyes de la guerra" RAE dixit), y cualquiera de ellos que caiga en manos de nuestra gloriosa Armada será inmediatamente pasado por la quilla (del barco? No! De la Isla!), sin perjuicio de cualquier otro tipo de tormento que, discrecionalmente, se nos pueda pasar por la cabeza, como por ejemplo hacerles escuchar en bucle las "obras" de sus protegidos. Que lo mismo tenemos algún problema al respecto con la Convención de Ginebra, pero bueno, que si ellos tienen ONU, nosotros tenemos cinco o seis, y pa' chulo yo. De lo que veníamos a hablar es de piratas de los de verdad, de los de toda la vida, los que tienen un estricto código de honor y un lorito que habla en francés. Y paro, que me veo tentado de volver a poner la letra de la canción de Serrat y ya la puse en su momento. De la Hermandad de la Costa, vamos. Que sí, que he ido a ver Piratas del Caribe: el cofre del Hombre Muerto y esto es una crítica. Si hay algún spoiler en lo que sigue, la culpa es sólo suya, que lo sepan.

Empecemos confesando (excusatio non petita...) que no he visto (no, aún no) la primera parte. Al menos, no más allá de la fantástica primera escena, la de la llegada de Jack Sparrow a puerto, haciendo equilibrismos como quien no quiere la cosa sobre los mástiles del barco que se va hundiendo (que, por cierto, piazo fondo tenía el puerto, cualquiera lo draga... divago). Teniendo en cuenta que el de piratas es, declaradamente, uno de los géneros literarios (y sí, el cine es literatura, tanto como el teatro) favoritos del abajofirmante, puede parecer un demérito por mi parte el no haber visto una película unánimamente aclamada como una gran película de piratas (un género que se daba ya por agotado, muerto y enterrado desde hace décadas, pese a intentos más o menos fallidos como La isla de las Cabezas Cortadas o más o menos geniales como Los Teleñecos en la Isla del Tesoro, que, se lo crean o no, es una película de piratas absolutamente canónica y absolutamente fiel a la novela de Stevenson, y que respeta escrupulosamente todos y cada uno de los tics, los guiños y los lugares comunes del género, mostrando un respeto asombroso hacia el mismo, que para sí quisieran muchos, y donde, a pesar del niño, que le darías de hostias hasta que quedase convertido en un guiñapo sanguinolento y amorfo, sobretodo con el doblaje en castellano, todos los personajes están perfectamente en su papel: Tim Curry es el perfecto Long John Silver, Gustavo es el perfecto capitán de marina inglesa (y encima mi sobrina salta, aplaude y se rie cada vez que sale en pantalla, qué más se puede pedir), Peggy (más mega-fash que nunca) es la perfecta dama de alta sociedad reconvertida en reina de los caníbales, Gonzo es el perfecto grumete, Chiquitín es el perfecto timonel, los dos viejos cascarrabias son los perfectos mascarones de proa... En fin, que no es de esta de la película que quería hablar). Un demérito, digo. Po fueno, po fale, po m'alegro. Mea culpa, pero lo cierto es que no ha habido ocasión. En cualquier caso, en lo que a esta reseña se refiere, casi mejor. Porque así puedo decir con conocimiento de causa que esta segunda parte se puede ver perfectamente sin haber visto la primera. Vale, la relación entre el pirata, la hija del gobernador, su prometido (de la hija, no del gobernador ni del pirata) y el representante de la Compañía de las Indias Occidentales queda poco clara, pero se puede aceptar como un in media res y tampoco resulta imprescindible para la historia. Se conocen, y punto. El final, eso sí, resulta ininteligible sin saber que pasó durante la primera (sí, no la he visto, pero se lo que pasa), y, lo que es peor, no tiene sentido sin la tercera. Vamos, que no es un final abierto que deje posiblidades de una tercera, es que no es un final, sino un "continuará" que exige una tercera parte. Pero no adelantemos cosas.

La peli empieza con la boda entre Elizabeth Swann y Will Turner, que se ve, como no puede ser de otra manera, interrumpida por la aparición del representante de la Compañía de las Indias Occidentales (que no me acuerdo de cómo se llama) que trae órdenes de ejecución contra ambos por haber ayudado a escapar a Sparrow (aquí, en plena indignación, hay una escena en la que pondría la mano en el fuego que a Keira Knightley se le escapa la teta derecha del corpiño, pero tendría que verlo fotograma por fotograma, que me extraña que una producción Disney se les haya escapado algo así), y que les ofrece conmutar (junto con una patente de corso para Sparrow) a cambio de que consigan la brújula de Sparrow, que le permitirá encontrar el cofre donde se esconde el corazón de Davy Jones, a la sazón capitán pirata fantasma y encarnación del Mar (así, en mayúsculas), lo que le permitirá matarrle y gobernar tanto al Holandés Errante, el barco donde viajan los marinos condenados (y ante lo que yo me pregunto: qué hace el Holandés Errante en el caribe? Es un barco fantasma, sí, pero del Mediterráneo... En qué estaban pensando los guionistas? Será por barcos fantasmas caribeños) como al Kraken (ante lo que yo me pregunto: qué hace el Kraken en el Caribe? Es un elemento de la imaginería marítima nórdica. En qué estaban pensando los guionistas? Y así con todo, vamos) y, con ello, gobernar el comercio marítimo (por el expeditivo método de cargarse los demás barcos, supongo). No me acaba de quedar claro el por qué se supone que matar a Davy Jones le daría inmediatamente gobierno sobre el barco y la criatura, pero bueno. Jones, a la sazón, tiene cuentas pendientes tanto con Sparrow como con la familia Turner, y a partir de ahí se lía todo, con intervención incluida de bruja vudú que es como Boca Dorada (lean Corto Maltés, vale la pena) pero en joven. Bueno, sin el "como". Personalmente hubiese preferido la Boca Dorada original (y lo bien que daría Tina Turner para el papel...), pero ya saben que lo mio son las delicatessen.

La palabra que mejor define la película, en conjunto, es excesiva. Los maquillajes de los marinos del Holandés Errante (con excepciones como el padre de Turner o el propio Davy Jones) son excesivos y poco creíbles (pese a que la idea sea muy buena, de tanto estar en contacto con el mar como entidad abstracta se van convirtiendo en criaturas marinas), la lucha de espadas en la rueda gigante es excesiva (por cierto, quién construyó una abadía completa, con su molino y todo, en mitad de una isla que no aparece en los mapas y que está habitada únicamente por caníbales? Las vendían desmontadas en IKEA en aquella época? Porque no hablo de una misioncita, hablo de una abadía en ruinas de muy buen tamaño... En qué estaban pensando los guionistas, de nuevo?), la duración de las persecuciones con los caníbales (y de la película en general) es excesiva, el amaneramiento de Sparrow es excesivo (aunque reconozco que la he visto doblada, igual en el original queda un tanto más matizado), se hacen excesivos chistes (malos) a costa de la pareja de piratas tontos (vale, que tener que luchar por el puesto de "personaje que aporta la nota de humor a la película" en una comedia -que lo es- y que tiene el protagonista que tiene ha de ser difícil, pero...)... Una fiesta del exceso, vamos.

Y todo ese exceso hace que, pese a ser una buena peli, y que incluye bastantes puntos puramente canónicos (la lucha de espadas a tres en la abadía, los caníbales, la damisela en apuros, el representante de la Autoridad que se dedica a dar por culo -figuradamente, aunque se deje caer, así como quien no quiere la cosa, que la tirria que le tiene a Sparrow viene de motivos más que profesionales, dándole un aspecto de ataque de cuernos bastante evidente-, la escena del pirata bajando desde el puesto de vigía rasgando las velas con un cuchillo -aunque vamos, esto se hace con un plano general que permita ver como cae y como la vela se va abriendo en dos, con con planos cortos alternados a ritmo de videoclip-, la búsqueda y recuperación del cofre del tesoro...), sea, en conjunto, una peli un tanto fallida. No llega a aburrir en ningún momento (ni mucho menos), pero no acaba de funcionar ni como comedia (bastante vodevil, por cierto), ni como peli de acción, ni como peli de piratas, ni como peli de amoríos imposibles. Es todo eso (y más), pero no llega a ser ninguna de las cosas. Es una muy buena película, ojo, pero... Podría haber estado mejor, mucho mejor.

En fin, que le doy un seis y medio, con opción a siete si la actuación de Johnny Deep en versión original (cuando la vea, que no creo que sea antes de que estrenen la tercera y pueda ver la historia completa, me joden cantidad las películas con un "continuará") me convence más que la doblada.

Y mañana seguiremos hablando de piratas.

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lunes, 21 de agosto de 2006

Citas (XXX)

El Estado soy YO!

Luis XIV de Francia, conocido como "rey Sol".


Vencido y desarmado el vaho de los cristales, bla, bla, bla...

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domingo, 6 de agosto de 2006

sábado, 5 de agosto de 2006

El test de las cinco (XVIII)

Which Fantasy/SciFi Character Are You?

Which Fantasy/SciFi Character Are You?


A likeable character with a lust for life, you do what gets you by while continually pursuing your own interests.

Hello, my name is Inigo Íñigo (jodidas lenguas bárbaras...) Montoya. You killed my father, prepare to die.

Inigo Íñigo (jodidas lenguas bárbararas again) is a character in The Princess Bride.

(para hacerlo, click en la imagen. Via maese Pryrios)

Uh.

Uh.

Molo.

Mazo.

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viernes, 4 de agosto de 2006

Al final, todo se reduce a eso...

Me duelen los pies. Mucho. Y además tengo el gemelo derecho sobrecargado.

Los ojos me arden, esta tarde me ha debido entrar agua en la playa.

Tengo un batallón de enanos borrachos (bonita redundancia) montando una fiesta en mi cabeza.

Dinastía de M está resultando ser aún más infumable de lo que me esperaba.

Mi odio a la humanidad en su conjunto aumenta a cada segundo que pasa.

En TMB no hacen las cosas peor porque no saben.

Acabo de apagar el último cigarro que me quedaba.

Estoy cansado.

Muy cansado...

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jueves, 3 de agosto de 2006

Tanto gilipollas...

Me van a decir que de un tiempo a esta parte estoy muy negativo y no hago más que mentar a los muertos de la gente, pero no es cierto. Primero porque también pongo tests estúpidos con resultados surrealistas, citas fuera de contexto, letras de canciones y deliciosas a la par que nutritivas recetas de cocina. Y segundo porque no es que esté negativo, es que me dan motivos, qué coño. Que cuando yo digo que la presencia en el mundo del 90% de la población mundial sólo se puede explicar en tanto en cuanto son una fuente barata de proteinas, lo digo conscientemente. Que conozco tomates com más sentido común y más coeficiente intelectual.

En este blog no se habló en su momento del affaire Paz Vega y el boicot que intentaron plantearle la panda de talibanes descerebrados de Hazteoir, que lo único que se merecen es que los entierren vivos, bocaabajo, en noche de luna llena y en un cruce de caminos por donde pasen piaras constantemente, porque decían que los anuncios de esta temporada de los helados Magnum "incitaban al lesbianismo". Y a la masturbación (que esa chica no sabrá hablar ni actuar, pero buena, lo que se dice buena, lo está un rato largo) y al sadomasoquismo, añado, que uno de los modelitos que luce es de estricta gobernanta. No se comentó, decía, porque , primero, no me da la gana de hacerle publicidad a esa panda de meapilas neofeuds de la peor calaña, y segundo, porque el tema me parecía demasiado surrealista. Ya no lo de criticar un anuncio porque utilizase el sexo como reclamo comercial (que ya tiene delito, ya) sino porque alguien pueda llegar a considerar que esas imágenes (que no voy a colgar aquí porque los de Frigo tampoco es que me paguen comisión, que digamos) puedan "incitar al lesbianismo". Es que cada vez que lo pienso me da la risa tonta.

Pero claro, es que cuando se mezclan fanáticos religiosos, débiles mentales (puede parecer una rebuznancia, pero no: si bien todos los fanáticos religiosos son débiles mentales, no todos los débiles mentales son fanáticos religiosos), publicidad y sexo (aunque sería más correcto decir "imágenes que una mente pervertida y reprimida absolutamente obsesionada por el sexo e incapaz de aceptar su condición natural de animal sexuado, amén de incapaz de aceptar que el resto del universo no tiene por qué compartir sus inhibiciones y represiones sexuales", pero como es demasiado largo, lo dejaremos en "sexo") el resultado no puede ser más que una bomba de relojería del absurdo y la gilipollez más absoluta.

Y es que uno se pone a bloguear, y en el (más que interesante y recomendable) blog de maese Psicobyte (que, por cierto, no me deja poner comentarios) que, según informa el mundo (edición digital, no confundir con la de papel, esta siempre ha sido un tanto más seria y menos tendente a la conspiranoia absurda), una revista yanki, del tipo "mi bebé y yo" ha cometido el tremendo pecado de publicar una portada como esta:


Vamos a ver, ustedes ven algo malo ahí? Es más, ustedes que ven ahí? Claramente está la cabeza de un bebé (qué bonitos son los niños cuando salen por la tele, que cantaba aquel) amorrada a... una calva? Un codo? Una rodilla? Un culo? Cabe suponer, por aquello de que es un bebé y que la cabra tira al monte, que se trata de un pecho, también llamado "teta" o "ubre" (y en este caso sería más bien lo segundo, porque claramente, sea lo que sea, no se puede tapar con una mano), pero, por lo que se ve en la foto, claramente no se puede decir que lo sea, porque faltan puntos de referencia. Supongamos que es un pecho. Insisto, ustedes ven algo malo en esa foto? No hablo de la iluminación o el grano de la fotografía, hablo del conceto. Es una revista sobre bebés, y en portada sale un bebé haciendo lo que hacen los bebés. Algo absoluta, completa y totalmente natural y normal, y que a nadie con dos dedos de frente y un mínimo de educación debería extrañar o escandalizar. Si (y nótese que es un condicional) entre los lectores de este, su blog, se contase algún pedófilo, quizás (y sólo quizás) podría encontrar una interpretación sexual a la escena, y mucho me temo que tampoco, porque en todo caso lo que se ve es la teta de la madre. Y lo siento, pero soy incapaz de creer que alguien no aquejado de una parafilia grave pueda ver algo sucio en una imagen tan objetivamente hermosa como la de una madre dándole el pecho a su hijo.

Pues se ve que soy yo el raro, porque, según la nota de El Mundo (edición digital) que les he linkado más arriba, la portada de marras ha traído polémica, y aproximadamente una cuarta parte de las lectoras (y lo pongo en femenino porque, siempre según la nota, es una revista gratuita dirigida a mujeres que acaban de estrenarse como madres) se ha mostrado en contra de este tipo de imágenes. Nos ha jodido Mayo con sus flores. Y se han mostrado en contra con argumentaciones como (agárense los machos) las siguientes:
Un pecho es un pecho, es algo sexual, no necesita ver eso.
(Aclaremos que quien "no necesita ver eso" es su hijo de trece años, lo que implica que, si es un adolescente sano y normal, debería: a) tener tanto interés en esa revista como en las particularidades fonetico-lexicográficas del lapón respecto a todas las otras lenguas indoeuropeas (es decir, ninguna), b) tener la polla en carne viva de tanto cascársela, y c) ser capaz de excitarse sexualmente ante la visión de una silla de mimbre. Vamos, que si no es así es que algo ha hecho mal en su educación, señora.)

o
No quiero que mi hijo o mi marido vean accidentalmente un pecho que no quieren ver
(Aclaremos que esto lo dice una señora de 41 años con tres hijos a los que les ha dado de mamar. Veamos, señora, primero, a usted quién le dice que su marido o sus hijos no quieren ver un pecho? Y después, de veras se cree que su marido o sus hijos, si quisieran ver un pecho, lo buscarían en una revista de bebés? Tan pervertidos se cree que son?)

Vamos, que la leche que mamaron todos. Pero en algo le tengo que dar la razón a la primera señora (a la segunda, me temo que en su idiocia lo único que se puede hacer es regalarle a su marido y sus hijos el VIP de algún top-less apañadete, para que cuando quieran ver pechos, lo hagan con plena consciencia y conocimiento de causa, no "accidentalmente"). Un pecho, y más aún un niño mamando el pecho, es algo sexual. Por supuesto. Porque somos animales sexuados, que nos reproducimos sexualmente, y encima somos mamíferos, nuestros primeros meses de vida nos alimentamos por lactancia (a ser posible, materna). Así que sí, el hecho de que una mujer pueda dar de mamar a un niño es algo total y absolutamente sexual. No en sentido en que usted lo dice, claro, pero sexual. Porque si fuera algo sexual por lo que ella está pensando, habría que empezar a tomar en consideración lo que dice uno de los comentaristas de Psicobyte, el hacer obligatorio que todos los niños nacieran por ceárea (no fuese cosa que, por tener contacto con unos genitales a edades tan tempranas, donde la personalidad aún se está formando, se fuesen a traumatizar de por vida), alimentarles sólo con biberón y, por si acaso, sacarles los ojos. No fuese caso que en el futuro les fueran a ofender y tuviesen que arrancárselos y arrojarlos lejos de ellos.

Vamos, que no si ponerme a buscar el rifle y la canana con las balas para terminar como es debido con la frase del título, o invitar a todos esos (esas, en este caso) gilipollas a un zumo de limón exprimido en este wonderfuloso exprimidor (visto en No puedo creer que lo hayan inventado)...

Para ver si se les quitan las manías, más que nada. Total, ahí no se ven tetas...

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Con las manos en la masa (VI)

Ingredientes
- Carne picada (mejor si es mezcla de cerdo y ternera al 50-50, si se hacen de ternera sólo quedan demasiado secas, si se hacen sólo de cerdo, demasiado grasosas)
- Un huevo de gallina.
- Harina à gogo.
- Un par de dientes de ajo.
- Cinco o seis tomates grandes muy maduros.
- Cebolla (de una cebolla del tamaño de un puño, como un cuarto o así).
- Cuatro o cinco hojas de hierbabuena y/o menta.
- Un puñado de almendras tostadas sin piel.
- Un puñado de pasas sin semillas.
- Un puñado de olivas sin hueso.
- Un ramillete de perejil.
- Sal.
- Pimienta negra.
- Una cucharadita pequeña de pimentón dulce o picante (al gusto).
- Una punta de guindilla (opcional).
- Aceite de oliva virgen extra.

- Un bol grande.
- Una sartén mediana.
- Una cazuela mediana.
- Un rallador.
- Un almirez con su mano.
- Una cuchara de madera.
- Un cuchillo con su tabla de cortar.
- Cuchara y tenedor.
- Platos.

- Pan (a ser posible de hogaza o barra ancha, con mucha miga, del dia y bien horneado)
- Vino tinto.

Preparación

- Quitarse todos los anillos, relojes y pulseras, arremangarse y lavarse bien las manos.
- Echar tres o cuatro cucharadas de harina al bol y enharinarlo bien por todas partes.
- Echar al bol la carne picada.
- Picar (sobre la tabla de cortar, que si no se jode el mármol) muy finamente un diente de ajo, un par de hojas de hierbabuena y/o menta y un par de ramas de perejil y añadir al bol.
- Salpimentar al gusto.
- Romper el huevo y añadir el contenido al bol. Tirar la cáscara.
- Enharinarse bien las manos.
- Amasar el contenido del bol hasta que quede una masa más o menos homogénea, añadiendo harina siempre que sea necesario para que no se quede pegado por todas partes.
- Ir cogiendo porciones de la masa y haciendo pelotitas de unos tres centímetros de diámetro. Enharinarlas bien por fuera y reservarlas en un plato.(*)
- Poner en la sartén un chorretón de aceite, ponerla al fuego y esperar a que esté bien caliente.
- Freir las pelotitas de carne (en adelante, albóndigas) hasta que queden doradas por fuera. Retirar a otro plato.
- Con la ayuda del rallador, rallar los tomates hasta que sólo quede la piel.
- Picar la cebolla (sobre la tabla de cortar) a trocitos pequeños.
- Poner el aceite donde se han frito las albóndigas en la cazuela, y poner al fuego.
- Echar en el aceite la cebolla y freirla ligeramente (hasta que empiece a dorarse) removiendo un poco con la cuchara de palo.
- Añadir el tomate rallado. Remover con la cuchara de palo. Poner el fuego al mínimo, y dejar que hierva.
- Machacar en el almirez las almendras. Añadir a la salsa y remover bien.
- Cortar finamente (en la tabla) un diente de ajo y las hierbas aromáticas (un par de ramas de perejil y un par o tres de hojas de hierbabuena o menta. También se pueden utilizar otras hierbas aromáticas, según el gusto y la disponibilidad, con el mismo tratamiento). Añadir a la salsa y remover bien.
- Cortar (en la tabla) las olivas a rodajas. Añadir a la salsa y remover bien.
- Añadir a la salsa las pasas, la punta de gindilla, el pimentón, los restos de harina y carne que hubiesen quedado en el bol y un chorro de aceite. Remover bien después de cada añadido.
- Salpimentar al gusto y (lo adivinan?) remover bien.
- Dejar hervir la salsa a fuego lento hasta que empiece a reducirse y espesarse, removiendo constantemente.
- Añadir las albóndigas y dejar cocer un poco más a fuego lento, hasta que la salsa tenga el espesor adecuado, removiendo de vez en cuando.
- Servir acompañado de pan y una copa de vino.

Bon profit.

(*) Con esta misma masa, cogiendo porciones más grandes y aplastándolas después de hacer la bola, salen unas magníficas hamburguesas. Dos por uno, no se quejarán.

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miércoles, 2 de agosto de 2006

Ya es oficialmente Agosto (en TMB)

Formulario 44456

Trece minutos con cincuenta y dos segundos.

(sí, como ya nos conocemos y se de qué pie cojean, he tenido la sangre fría y los santos cojones de cronometrarlo)

Trece minutos con cincuenta y dos segundos.

No, no es el tiempo que tardan ustedes, señores de atención (ja!) al cliente de TMB en responder a una carta de reclamación. Ese, pese a que su normativa (artículo 10, si no me falla la memoria) diga que ha de ser de quince días, se traduce más bien en, suponiendo que las respuestas me llegasen mañana (que va a ser que no), en treinta (reclamación 66117, de tres de Julio), treinta y dos (reclamación 37715, de treinta de Junio), cuarenta y siete (reclamación 69060, de quince de Junio), ciento cuarenta (reclamación 40168, de trece de Marzo), ciento cuarenta y siete (reclamación 39260, de seis de Marzo) o hasta ciento ochenta y un días (reclamación 21737, de nueve de Febrero, todos ellos del presente). Todas ellas, reclamaciones realizadas por el abajofirmante y que, a día de hoy, aún están esperando respuesta. Tócate los cojones. Porque de quince días a casi seis meses va un poquito.

Pero en fin, que esta carta no es para poner una queja al respecto. Cuando llegue septiembre, si sigo sin recibir respuesta, ya empezaré a poner una queja cada semana, o cada día si se tercia. Que a tocacojones no me van a ganar. Esos trece minutos con cincuenta y dos segundos, decía, es el tiempo que he tardado esta tarde para hacer el trayecto que han cortado vaya usted a saber por qué (porque la información, para variar, brilla por su ausencia, y no lo digo sólo porque se haya empezado a informar del corte a penas una semana antes de que se produjese, frente al de la línea cinco que se estuvo informando desde un mes antes, y no se atreva a negarme esto porque me veo obligado a coger el metro un mínimo de dos veces al día –siempre y cuando no se estropee, como es lo habitual, claro- y es exactamente como le estoy contando, el motivo por el cual los usuarios de la línea cinco sabían con mucha más antelación el por qué se iba a cortar que los de la uno me lo tendrá que explicar usted, si no le importa), desde Torres i Bages hasta Santa Coloma. O así, porque la verdad es que el autobús que han puesto para cubrir ese trayecto ni se coge junto a la estación de Torres i Bages, sino cien metros más allá, ni te deja junto a la estación de Santa Coloma, sino a una distancia que, sin faltar a la verdad, se podría calificar como “en el quinto coño”. En el quinto coño cuesta arriba, sin sombras y teniendo que cruzar una calle con muuuucho tráfico, además, la Avenida de Santa Coloma. Vamos, que les llegan a dar un poco más de cuerda y ponen la parada en el lado Barcelona del puente, total, no viene de ahí. El amable (sin ironías lo digo) conductor del autobús me ha informado que la parada original (la que aparece en los folletos que empezaron a repartir la semana pasada y en los carteles que han colgado esta misma mañana) estaba pensado hacerla en la parada de autobuses de la propia Avenida de Santa Coloma (es decir, cien metros más cerca que ahora, con lo que quedaría en el quinto coño menos cien metros, pero menos da una piedra), pero que se dieron cuenta de algo que cualquiera que conozca el lugar, o simplemente se haya mirado como van las líneas de autobús que pasan por Santa Coloma, sabe. Que ese sitio no sólo es un cuello de botella, sino que es un cuello de botella por donde pasan tropocientos mil autobuses. Y que, si encima, pones más, pues se bloquea. Así que su genial solución improvisada porque se ve que no tienen a nadie lo bastante competente como para hacer algo más que mirar un plano es dejar a los pasajeros aún más lejos. Tócate (de nuevo) los huevos. Por supuesto, esos tramos que nos vemos obligados a hacer a pie también nos lo cobran a precio de billete de metro, que si la gente paga por ir a un gimnasio a sudar, por qué no van a pagar por hacer trekking urbano. Qué quiere que le diga, la palabra que tengo en mente para definirles empieza por lad- y acaba por –rones.

Me disculpará que haya empezado por el final, pero es que eso en concreto me jodió bastante. Volvamos al principio. Nótese que estoy protestando por el trayecto Torres i Bages-Santa Coloma, no así por el Santa Coloma-Torres i Bages. Eso es más que nada porque, pese a que hay que ir a coger el autobús a una parada que está a una distancia de, aproximadamente, dos coños y medio de la estación, y pese a que al llegar a Torres i Bages sólo hubiese dos maquinas canceladoras para absorber a toda la gente que venía en el autobús (porque es algo absolutamente lógico, si haces que toda la gente que viene de las estaciones anteriores tenga que cancelar de nuevo el billete allí para seguir el viaje, no sea que alguien se vaya a colar, ese y no otro es el momento ideal para ponerse a hacer un cambio de máquinas canceladoras y dejar sólo dos en funcionamiento, claro), hasta cierto punto debo decir que tuve suerte y fue llegar y coger el autobús, y llegar y coger el metro (después de hacer la cola para entrar, claro), y como eran las cuatro de la tarde, que había poco tráfico, el proceso no llevó más de diez minutos. Que es una barbaridad te lo mires como te lo mires, porque ese es el tiempo aproximado que se tarda, según sus propios cálculos, en llegar hasta la Sagrera, que está como a algo más del doble de paradas, pero bueno, lo cierto es que me esperaba algo mucho peor, vistas las experiencias del año pasado con el corte entre Fabra i Puig y Clot, en que se tardaba algo más de cuarenta y cinco minutos.

Pero a la vuelta... Empecemos porque el vagón donde iba, oh casualidad, no tenía aire acondicionado. Y eso, en unos vagones donde no se pueden abrir las ventanillas, como que jode bastante. Que sí, que ya se que la gente también paga sus buenos dineros para ir a saunas y baños turcos, y que bien mirado viene a ser lo mismo, pero entonces casi se cambien el nombre de Transports Metropolitans de Barcelona a Spas Metropolitans de Barcelona. Porque tiene delito que en el noventa por ciento de sus vagones, en lo que llevamos de verano, las opciones sean a) cocerte al vapor cual langostino de Sanlucar, o b) darte una ducha con las pérdidas de agua de los sistemas de aire acondicionado, que –las contadas veces que funcionan- no es que goteen, es que dejan ir agua a chorro, que vas en el vagón y te crees que al vecino de arriba se le ha inundao la casa o que vas en el Titanic, según. Y eso cuando no deciden hacer un “agua va” sin avisar y ponen al infeliz que va debajo hecho un Cristo, claro. Absolutamente tercermundista. Y lo de “tiene delito” no lo digo de forma retórica, que uno es hipotenso y con esas temperaturas que se alcanzan en los vagones cualquier dia voy a caer al suelo más ancho que largo (y paso del metro noventa, largo lo soy un rato) y luego todo serán llantos y crujir de dientes y echar la culpa a “circunstancias fuera de la voluntad de TMB”.

Me voy del tema. Llego a Torres i Bages, me bajo del metro... y la escalera mecánica no funciona. Que digo yo que aún tendré que darle las gracias a todos los dioses por no tener una pierna escayolada o llevar un carrito de bebé, porque si no me veo allí todo el verano mendigando un cacho pan para comer porque no hay forma de salir. Le volvería a decir que se tocara los huevos, pero como personalmente a estas alturas ya los tengo más que rojos y más que hinchados, pues casi que no. Me doy un paseo (gracias a todos los dioses de nuevo porque estaba nublado y no tuve que hacerlo bajo un sol de justicia) hasta el punto donde para el autobús (que entiendo se escogió al azar, porque en una calle absolutamente recta y de aceras absolutamente rectas como es el Paseo de Torres i Bages no veo otro motivo para que el autobús no pare en la misma puerta del metro) y me encuentro con que oh, hay un autobús esperando, pero ah, está lleno hasta la bandera y nadie sabe a qué coños espera porque no dejan subir a nadie más. Como la opción coger una vieja del pescuezo, sacarla del autobús y montarme yo no me parece de recibo, me veo obligado a esperar al siguiente (insisto, por suerte no había sol, porque allí no hay una triste sombra que llevarse a la cabeza), que llega... cuando le apetece, para decirlo claro y pronto. Y a partir de ahí (y teniendo en cuenta que hoy no había prácticamente tráfico), pues lo que le he explicado al principio. Prácticamente un cuarto de hora. Tiempo en el cual, según sus propios cálculos, los que publicitan en los carteles informativos que hay en todas las estaciones, debería haber podido llegar hasta Santa Coloma desde el Clot, por lo menos.

Me dirá usted que no es para tanto, que un cuarto de hora es poco tiempo y que es culpa del tráfico. Y yo no me cagaré en sus muertos más por educación que por otra cosa. Punto primero: No había tráfico. Punto segundo, un cuarto de hora es mucho tiempo, y lo que es peor, es mi tiempo. Y punto tercero, es para tanto. Porque verdad que ustedes no me están haciendo ningún descuento en el precio del billete por darme un servicio objetivamente peor y más lento? Pues si tengo que pagar lo mismo, quiero el mismo servicio. El que ustedes me venden y me publicitan en todas las estaciones, y que dice que el trayecto entre Torres i Bages y Santa Coloma se hace en tres-cuatro minutos, no en quince. Y dado que estoy teniendo que pagar ese servicio, apáñenselas como quieran, pero denlo. Porque en caso contrario, se sitúan, ustedes solitos, en las categorías de inútiles, estafadores y ladrones.

Por supuesto, van ustedes a recibir una carta de reclamación por cada viaje que tenga que hacer y en el que me hagan perder un solo minuto de mi tiempo. Por supuesto, ni siquiera se las leerán y las contestarán (si las contestan, que visto lo visto, va a ser que no) en bloque y diciendo vaguedades y mentiras como hicieron con las reclamaciones que hice el Agosto pasado. Estoy acostumbrado a ello, pero mira, por lo menos así quedará justificado mi gasto en billetes, ni que sea en lo que se gastarán en papel de las cartas de reclamación. Por supuesto, el contenido íntegro de esta carta será publicado en el blog personal del que suscribe para dar público manifiesto de hasta qué punto pueden llegar a ser de ineptos.

Atentamente...

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martes, 1 de agosto de 2006

The State of the Art

- La gente se queja de que hace calor. La gente es estúpida. La actual temperatura es ideal, debería hacerla todo el año. Un diez por ciento menos de humedad ambiental no vendría mal, por eso. Luego, en cuanto la temperatura baje cinco grados, esa misma gente se quejará de que hace frio. Y yo no podré reirme de ellos y llamarles gilipollas porque tendré los belfos congelados.

- Black Eyed Peas se merecen una muerte lenta y dolorosa por la blasfemia que han hecho contra el Mais que nada de Jorge Ben Jor y Sergio Mendes. El hecho de que el segundo haya participado en esa obscenidad no le resta nada de gravedad al asunto, más bien al revés. Algo con aceite hirviendo, plomo fundido, astillas de bambú bajo las uñas y videos eróticos protagonizados por Loyola de Palacio.

- Definitivamente, soy un enfermo. Compro libros a más velocidad de lo que puedo leerlos, y la montaña de libros por leer crece y crece, amenazando con convertirse en monte coñocoño (no pienso explicar esa expresión, pero se pueden hacer a la idea). Y no puedo parar, cada vez que paso por delante de una librería de viejo tengo que hacer esfuerzos para no acabar comprando algo. El otro dia tuve que, literalmente, agarrarme la mano para no acabar comprando Trece campanadas de Suso de Toro por seis miserable euros. Hace pocos minutos he adoptado un libro del que se quería deshacer Angua. Y para acabarlo de arreglar, voy alternando las lecturas de mis libros con las de best-sellers infumables que consigo via bookcrossing y que por alguna extraña razón no soy capaz de abandonar. Y me temo que este vicio está incluso peor visto que la adicción al crack...

- La calidad de la programación de Cuatro está cayendo en barrena. Han retirado la reposición de Roma para poner especiales de los cuarenta subnormales (por cierto, que qué ojazos tiene la cantante de Amaral), por no hablar de los concursos que se han sacado de la manga. Anatomía de Grey y Entre fantasmas molan, por eso.

- Cada vez tengo más ganas de sumergir la cabeza de alguien en nitrógeno líquido y aplastarla contra una mesa. No de nadie en particular, de alguien. Como terapia de relajación. Si hay algún voluntario, que me ponga un mail. Lo del nitrógeno es más que nada porque los cachos cristalizados son más fáciles de recoger y manchan menos, pero vamos, que un buen aplastamiento a la vieja escuela, con su sangre, sus manchurrones de sesos y sus ojos colgando de las órbitas nunca es algo a rechazar. Pero que limipie otro.

- El Diablo está en los detalles. Y yo siempre he sido una persona detallista.

- Si últimamente en este blog no se habla de política, como era costumbre, es porque la actitud de la opusición (sí, está bien escrito, piensen un poco) del PP de un tiempo a esta parte sólo se puede entender si suponemos que se han decidido a desbancar al café con sal como hemético casero. En román paladino, que es más vomitiva de lo que mi estómago puede soportar. Esa gentuza no se merece ni mi desprecio. Por el otro lado, la actitud tanto del gobierno del PSOE como de la oposición no opusina, sin ser para tirar cohetes, tampoco es como para rajar de ellos al estilo de esta santa casa. La política autonómica y la local tampoco es que den demasiado de sí.

- El guionista de Bandidas merece la hoguera. Y el que haya puesto el dinero para hacerla, el potro de tortura. Y me atrevo a hacer ese juicio sin haber visto más que el trailer. Una película a no ver, a no ser sin sonido y con el avance rápido para ir directamente a las escenas de Salma Hayek. Penélope Cruz? Acabo de decir que sale Salma.

- Me jode bastante que la gente exija determinados posts, diga que va a comentar y luego no lo haga. Venga, denme caña, pónganme a parir...

- Me sangran las encías. Como todos los veranos. Que asco.

- Qué ojazos tiene la cantante de Amaral, insisto. Fascinantes.

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