martes, 29 de agosto de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XIV)

Como ya expliqué hace poco, lo mio con los libros es un problema. Que más que leerlos, los colecciono compulsivamente. Los acabo leyendo, sí, pero mientras tanto, se me acumulan y acumulan. Y para acabarlo de arreglar, por si no tuviese bastante con los (en principio, que luego de todo hay) libros que me compro, le robo a mi hermano o cojo en la biblioteca, aquí el abajofirmante hace bookcrossing. Y en esto de vez en cuando te encuentras alguna joyita, pero lo que más abundan (para qué engañarnos) son truños y best-sellers de temporada.

Y cuando uno mete la mano en el agujero del Árbol de Yago y lo que saca es un tocho de más de seiscientas páginas, dónde lo que se ve en la portada es "John Grisham" y "Colección grandes best-sellers El Periódico", y casi tiene que buscar El testamento (que es el título), porque prácticamente no se ve, sabe que lo que debería hacer es volver a dejarlo discretamente, salir por pies y dedicar su (escaso) tiempo a cosas más interesantes, como la contemplación mística del gorgojo de la patata o la masturbación compulsiva. Pero miren, soy un enfermo (existe bibliófagos anónimos, pregunto?). Así que lo cogí y me lo leí. Y como uno no se lee un mamotreto de ese tamaño que, en el fondo, no le aporta nada, para nada, pues les pongo aquí la crítca y me salva un post.

La novela empieza con Troy McLure... digoooo, Troy Phelan, un yayo cabrón, putero, hijoputa y multimillonario (once mil millones -presupongo que yanquis, así que en realidad serían sólo once millones, pero bueno, yo hay dias en que no los gano Uy po' dios, qué tontería más grande... que las variaciones empiezan a partir del billón... Nada, nada, sigan leyendo, aquí no hay nada que ver- de dolares de nada) que decide suicidarse y joder con un testamento (van entendiendo de dónde viene el título?) firmado a últimísima hora a sus herederos, una panda de capullos lo mejor que se puede decir de ellos es que son gilipoyas acabados, y de ahí p'arriba, lo que quieran. Estos, que se las prometían ya muy felices con la fortuna de papá (pronúnciese con la boca abierta del todo, como si se les hubiese desencajao la mandíbula) se ponen a gastar como si se acabara el mundo desde el momento en que el viejo se tiró desde un piso dieciocho (luto? qué es eso?), sin tener en cuenta que, por orden expresa del muerto, no se podrá hacer lectura pública del testamento hasta pasado un mes.

Los abogados encargados de la testamentaría, pero, sí que tienen que leerlo antes, y se encuentran, oh sorpresa, que Troy no les ha dejado nada a sus hijos ni a sus ex mujeres, y se lo ha dejado todo a una hija ilegítima que tuvo hace años, y de la que lo único que ha sido capaz de averiguar es que está trabajando de misionera con los indios del Pantanal, una zona pantanosa (como su nombre indica) limítrofe entre el Brasil y el Paraguay, y donde la civilización (o lo que sea) occidental no ha llegado. Y claro, tienen que contactar con ella. Así que deciden enviar a buscarla a un abogado retirado (a la fuerza), alcohólico, drogadizo, putero, mal padre, workalcoholic, defraudador de hacienda... Vamos, lo mejor de cada casa. De todas ellas. Y el tio que viaja al Brasil, se intenta suicidar, pasa las mil y una en el Pantanal, está a punto de morirse un par de veces, acaba encontrándola, se medioencoña de ella, ella pasa de él como de la mierda porque va de beata por la vida y se niega a firmar los papeles de la herencia, y el se tiene que volver a Guasintón con el rabo entre las piernas y una infección por Dengue que casi se lo lleva por delante (otra vez). Mientras tanto, se han ido mostrando los tejemanejes de los abogados para intentar llevarse la mayor parte del pastel posible, a cual más sucia, rastrera y miserable.

Pero claro, como necesitan que la bastarda beata acepte la herencia o bien renuncie a ella, y todos (menos los abogados de los otros hijos) se muestran horrorizados ante la idea de que puedan heredar esa fortuna los hijos legítimos de Phelan, porque se la pulirían en dos meses, llevándose de paso por delante toda la economía de los Estados Unidos, pues lo vuelven a enviar allá abajo para que le proponga un trato: introducir el dinero en un fondo fiduciario de forma que sólo se puedan tocar los intereses, y que estos vayan íntegramente a obras de caridad, que es algo a lo que ella no podría negarse. Y él, que por el camino se ha regenerado, ya no bebe, fuma ni va con mujeres, se ha reconciliado con sus hijos, ha descubierto al dios único y verdadero y se ha hecho muy amigo de un cura (y cada vez está más encoñado de ella), pues se vuelve p'allá abajo sólo para descubrir que ella ha muerto de cólera y ha dejado un testamento donde dispone poco más o menos lo que le iban a proponer. Fin.

Seiscientas páginas y pico para explicar esa chorrada que no le interesa a naide. Pero miren, no se hace (demasiado) largo, se lee bien, entretiene y tiene unas descripciones de la selva bastante bonitas (aunque el autor se vea obligado a poner un epílogo diciendo que, pese a lo que pueda parecer leyendo la novela, la mayoría de los turistas que van al pantanal sobreviven y no se los come una boa, y que la medicina en Brasil no es tan tercermundista y horrible como la pinta). Pensar, lo que se dice pensar, tampoco es que haga. Pero es un best-seller, tampoco se esperaba eso. Un cinco raspadito. Y a ver si mañana me deshago de una vez del ladrillo y se lo paso a otro pobre incauto...

Hace 307 posts...

4 comentarios:

Urui dijo...

¿A tí te dí una copia de Wyrm?

Mira si te interesa, me quedó una suelta y sin dueño.

Sota dijo...

Pos no. Qué es eso? Si un caso, la próxima vez que nos veamos me la traes...

Norda dijo...

Puaj. Vaya birria libro. ¡600 páginas, mystra bendita, pobres árboles!

Urui dijo...

Es un libro que salió en 1997, en pleno rollo best-sellers "Fin de Milenio"-"Conspiraciones"-"El mundo se acaba y yo con estos pelos".

No es una obra maestra del género (más bien es tirando a malucho) pero no sale ninguna iglesia ni secta, está hasta arriba de juegos de rol, ordenadores, virus, internet, referencias a ciencia ficción y demás frikadas.

Vale, esta copia para tí, si no te gusta siempre la puedes soltar en el bookcrossing.

Ah, y es de un tal Mark Fabi.