jueves, 20 de enero de 2005

Jodiendo la marrana

Ayer iba a escribir un post, pero por cuestiones de tiempo me fue imposible. Iba a titularlo Por el camino verde, camino verde, que va a Damasco, y versaba sobre la caída del caballo en el camino de Damasco (agudo, verdad?) que sufrió antes de ayer el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, al reconocer que igual, tal vez, quizás, lo de usar el condón no fuese tan malo en según que casos, y que tenía una razón de ser en determinadas circunstancias, y que lo mismo igual servía para salvar vidas y todo.

Durante el día, como digo, me fue imposible, así que lo dejé para cuando llegara a casa, por la noche. Pero nada más llegar, enciendo la tele y lo primero que me suelta el busto parlante de turno es que la CEE ha hecho un comunicado diciendo que de lo dicho nada, que usar el condón es un pecado muy feo que pone triste al niño Jesús y que cada vez que se usa Dios mata a un gatito. O así. Que me jodieron la marrana, vamos.

Tampoco me esperaba otra cosa, sinceramente. La sorpresa no es que se hayan rectificado, aunque siendo la iglesia católica, que ha necesitado casi medio milenio para reconocer que la Tierra es redonda y rehabilitar con ello a Galileo, quien, según la doctrina de las drag queens ojcuras estas, llevaba todo ese tiempo ardiendo en los Infiernos por hereje, tampoco es que sea algo tan habitual. Lo sorprendente fue que alguien de esa nefanda organización, que cada día que pasa se hace más evidente debería ser eliminada de la faz de la tierra (ojo, hablo de la iglesia como organización, no de la religión o el culto, que eso es algo muy de cada quien es cada cual, cada loco con su tema y yo ahí no tengo por qué meterme ni nada que decir) dijese algo con sentido públicamente. Con lo que no puedo sino felicitar a la ministra que se había reunido justo antes con él (Elena Salgado, titular de Sanidad, si no me engañan las fuentes) por su habilidad como encantadora de serpientes (sí, lo de “serpientes” va con segundas), al conseguir llevarse a la mamba negra de Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la CEE, a su terreno, incluso en un tema que se da de morros con la doctrina oficial del Vaticano, que sigue en sus trece que promover el genocidio de miles de millones de potenciales infectados por el VIH (a los portadores ya, por desgracia, lo del condón les sirve más bien poco, como para no evitar propagar la pandemia. Lo cual es extremadamente importante, pero para ello han de tenerlos disponibles, y han de saber cómo se usan y por qué se han de usar, y…). Y ello sin contar otras enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados, que pueden destrozar la vida de los directamente afectados, pero, en comparación con la magnitud de la catástrofe mundial que está suponiendo el SIDA, son pecatta minuta en comparación.

No voy a volver a entrar en el tema de que considere (es mi opinión, y quien no esté de acuerdo es que opina lo contrario) que la iglesia católica está cometiendo, con el tema de los condones, un genocidio, si no de pensamiento, palabra y obra, si al menos de omisión (y les recuerdo que, según la liturgia, esos son los cuatro medios de pecar que existen), al negarse ya no a dar información veraz (y subrayo lo de veraz porque aún rondan por ahí perfectos gilipollas afirmando que los condones son inútiles porque el tamaño del VIH es menor que el de los poros de látex, y que dan eso como un dato científico cuando no es más que una aberración digna de mejor causa) sobre el tema y, no me atreveré a decir promover, pero al menos no anatemizar el uso del único (y esto también lo subrayo) método que conocemos, a día de hoy, para evitar la infección. No voy a hacerlo porque me parece que ya toqué el tema en alguno de los primeros posts de este, su blog, además que creo que es bastante obvio. Dejemos también de lado el tema de la hipocresía que supone el que, desde el Vaticano, se haya dado el placet a ciertas ordenes de monjas misioneras que actúan en África (concretamente en Uganda, si no me falla la memoria) para usar preservativos, porque las consecuencias de no hacerlo podrían ser peores (lo cual también da que pensar, porque digo yo que esas monjas no deben haberlo pedido por miedo a que los negritos, en un rapto, las violen. Vamos, que no me veo yo a un violador colocándose un condón a instancias de la violada, si me entienden. Con lo que podríamos deducir que estamos ante ordenes monacales activas sexualmente en mitad de la jungla, y esto podría acabar como una peli de Jesús Franco).

El caso es que las almas piadosas que defienden la indefendible, bajo ningún punto de vista que no sea el de la ignorancia y el integrismo religioso, posición de la iglesia en este campo suelen escudarse en que la iglesia sólo habla para sus fieles, que son quienes le han de hacer caso, y que los demás que hagamos lo que nos salga de salva sea la parte. Lo cual sería muy bonito, y yo mismo firmaría, de ser cierto. Pero es que la iglesia no habla solo para sus fieles, y la prueba es que, en caso de que esto fuera así, no tendría sentido la reunión en la cumbre de un obispo y una ministra. O, mejor dicho, sí que habla sólo para sus fieles. Pero es que consideran que sus fieles somos toda la ciudadanía, nos guste o no, queramos o no, y que el gobierno debe legislar y organizar campañas de acuerdo únicamente a lo que opina la curia. Y, si hay casos en que esto es peligroso (como por ejemplo, en los temas educativos, con sus exigencias inclinadas a acabar con la laicidad de la escuela pública, o en temas sociolegales, con sus continuos intentos de meter sus sucias zarpas en el Código de Familia), en otros, como es el que nos ocupa, es, directamente, intolerable. No se trata de un tema de moral, de opinión o de conciencia. Se trata de un tema de salud pública. Y uno muy grave, que causa cientos de muertos e infectados al año. Y unos costes absolutamente astronómicos a las arcas públicas, porque los (pocos y relativamente poco eficientes) tratamientos que hay son obscenamente caros. Insisto. Salud Pública. Tema estratégico en la actuación de cualquier gobierno que se precie de serlo. Derecho inherente de la ciudadanía. Y estos malnacidos, desde el púlpito, están torpedeándola, y aún se hacen los ofendidos cuando alguien se lo dice.

Porque, digo yo… si, en un tema de salud pública, una religión puede permitirse el lujo de decirle a sus fieles que se lancen de cabeza al abismo de esta manera… Por qué todos nos llevamos las manos a la cabeza cuando, otras religiones predican a sus fieles y únicamente a sus fieles que sigan prácticas que van también contra la salud pública y el bienestar de las personas? No se, me viene a la cabeza la ablación de clítoris… Verdad que es una animalada como un estadio, absolutamente intolerable? Entonces por qué se lo permitimos a los otros?

Por qué les estamos dejando que nos jodan la marrana de esta manera?

2 comentarios:

Spaulding dijo...

Yo prohibiría cualquier tipo de religión. Así, de manera tajante. ¡Fuera las religiones! Seguro que viviriamos más tranquilos, menos temerosos... Si analizamos un poco, la mayor parte de las guerras... ¡han sido motivadas por motivos religiosos!...

Pues--- ¡a tomar por culo! Cuanta razón tenía el Sabio... "la religión es el opio del pueblo". Diría yo más... "la religión es el puto opio del pueblo".

Buff... Que me he quedao descansao yo ahora.

Anónimo dijo...

Una cosa que me intriga, a ver si ustedes la saben: ¿el hecho de que haya tantos negros en África facilita o dificulta la explotación de sus recursos naturales? Porque si es lo último igual tiene su lógica...