miércoles, 17 de agosto de 2005

Cenizas a las cenizas

Soy consciente de que escribiendo esto me arriesgo a que alguien exija mi cráneo para hacerse con él una copa en la que beber calvados, pero hoy, cuando se cumple un mes de la muerte de once componentes de un retén de bomberos en el incendio de Guadalajara, y se ha hecho un bonito a la par que emotivo acto plantando once simbólicos pinos en la localidad donde murieron (pero tontoslapolla, no plantéis pinos, que a la que haya otro fuego volverán a arder como yesca, plantad encinas, que son más simbólicas y aguantan mejor el fuego!), tengo que decirlo, que si no, reviento. Si las informaciones que han dado los medios de comunicación (y, dado que no estaba allí, es de lo que tengo que fiarme) son ciertas, la culpa fue suya.

No la del fuego, obviamente, que eso queda para los (vamos a ser amables) inconscientes que encendieron una barbacoa y la dejaron encendida, y que sólo se merecen (vamos a ser amables) que los cuelguen de los cojones/labios menores del tren de aterrizaje de un avión de extinción de incendios y los paseen en él mientras apagan uno. Con vuelos tan rasantes como sea posible. Mención especial también a los responsables políticos de uno y otro lado que se dedicaron a marear la perdiz y hacer tiempo mientras el fuego se expandía hasta hacerse incontrolable, y a los directivos de las subcontratas que les enviaban contra los elementos equipados con equipos (valga la rebuznancia) poco o nada adecuados a la tarea. Pero sí son culpables de quedar encerrados en un valle sin salida.

Permítanme que me ponga en plan abuelo Cebolleta. Yo debía tener tres o cuatro años cuando, pasando el verano en Morla, en casa de mis abuelos, se declaró un incendio que afectaba a la montaña que hay justo delante de dicha casa. Lo recordaré toda la vida, porque mi padre tuvo la feliz idea de llevarme a ver como lo apagaban (no se lleven las manos a la cabeza, se veía desde la carretera y además en una zona mucho más despejada de árboles, con lo que objetivamente estábamos más alejados del fuego y por tanto más seguros que quedándonos en casa) en bicicleta. Yo de paquete. Con la mala fortuna que mi pie, nadie sabe exactamente cómo, fue a parar por entre los radios de la rueda, que, lógicamente, me hicieron una herida de consideración en el tobillo, lo cual, agravado por una mala praxis médica (malditos sean todos los muertos del médico de Castro en aquellos días, y maldita toda su descendencia hasta la novena generación), me han dejado una bonita cicatriz en el tobillo izquierdo que me acompañará hasta que me pudra o hasta que me quemen, lo que sea primero.

Me quedan, pues, tres recuerdos del incendio. La imagen dantesca de esa montaña en llamas, la cicatriz, y un consejo que me dieron mis abuelos: Si alguna vez, estando por la montaña, me encontraba con un incendio, que saliese por patas en contradirección a dar aviso, y que en caso de estar acompañado, le preguntase a alguien del pueblo, entre más viejo mejor, que ruta tenía que seguir. Porque eran los que mejor conocerían las montañas y por donde tiraría antes el fuego.

A estas alturas supongo que ustedes, que son personas cultas e inteligentes (si no, no estarían leyendo este, su blog) van viendo por dónde voy. Si (y mantengo el condicional, y si luego resulta que no es así me como el post con patatas y listo) es cierto lo que dicen los medios de comunicación, en el pueblo les avisaron que no se metiesen en esa hondonada, porque no tenía salida. No les hicieron caso, el fuego los cercó y el resultado ya todos lo conocen.

Señores, pensemos con la cabeza. Seguro que todos ustedes conocen (sí, Toni, estoy pensando en ti) a gente que es capaz de perderse en zonas de su ciudad de tránsito simple (no callejuelas, hablo de avenidas principales y transitadas). Cuánto no será la posibilidad de meterse donde no se debe en zonas rurales y poco o nada conocidas. Antes de hacer una gilipollez, pregúntenle a un urbano. O al más viejo del pueblo. Que son los que saben dónde y como están las cosas.

Y mis más sentidos pésames a las familias de los once retenes de la brigada fallecidos. Que lo uno no quita lo otro.

9 comentarios:

Logan-X dijo...

¿En serio esperas que en el país del "sé perfectamente lo que hago, no necesito ayuda" alguien se pare a pedir consejo, y mucho menos acepte los que se le dan voluntariamente?.

ZaraJota dijo...

EH!
Los hombres no preguntan! Y yo nunca me he perdido... Pero me encanta el turismo..

Urui dijo...

Cuando salió la noticia, mi padre (que la primera vez que estuvo en una ciudad fue para vestir placa y uniforme) dijo exactamente lo mismo.

Sota dijo...

Logan, no. Pero ya sabe, consejos vendo que para mí no tengo.

Toni, creía que lo que no hacían los hombres es bailar. Y en cuanto a lo de que no te has perdido... Recuerdo cierta noche en que, sin saber dónde habías aparcado, tuve que ser yo quien te guiase hasta tu coche. Ejem. Y si quieres, te mento la palabra "pizza".

Urui, tu padre es sabio. Y tiene una carga genética impresionante. A las pruebas me remito.

Gatobonzo dijo...

Perderse, lo que se dice perderse, todo el mundo se pierde alguna vez. Eso sí, lo normal es querer volverse a encontrar.

En este caso unos han perdido a un familiar o a un amigo, y otros han encontrado una disculpa para despotricar y simular que hacen oposición.

En defensa de todos diré que yo también soy de los que se pierde... por los cerros de Úbeda.

Sota dijo...

Perderse, lo que se dice perderse, todo el mundo se pierde alguna vez. Eso sí, lo normal es querer volverse a encontrar.

No te creas, los hay que somos unos perdidos sin remedio... y nos gusta. (Insertar emoticón sonriente)

Chuchi dijo...

Tienes más razón que un santo. El problema de los incendios forestales es que no existen profesionales durante todo el año para apagarlos, son eventuales durante el verano.

Por cierto, quiero recalcar que en el incendio de Casavieja, en Ávila, aún nadie a ha respondido del chico que murió sofocando el fuego. Ni una comparecencia. Y tampoco se ha aclarado porqué la Comunidad de Madrid se volcó en Ávila, cuando no les dió la gana hacerlo en Guadalajara.

Sería lamentable que los servicios contra el fuego entre comunidades se prestase por razones políticas.

Urui dijo...

La Comunidad de Madrid ofreció su ayuda y la de Castilla-La Mancha dijo que nones. (al menos es lo que oí en el telediario antes de entregarme a un desenfrenado consumo de DVDs).

Supongo que la Junta de Castilla y León pidió (o aceptó) ayuda a toda prisa, precisamente para que no les pasase lo de Guadalajara, igual si no hubiera pasado antes la habrían rechazado y el disgusto se habría desplazado un poco hacia el Oeste.

En el caso de los apagafuegos forestales, haría falta una profesionalización, que estuviesen activos todo el año (al menos para aprenderse el terreno a defender), mejor equipamiento, formación y menos cargos intermedios chupando del bote en despachos.

Sota dijo...

El problema de los incendios forestales es que no existen profesionales durante todo el año para apagarlos, son eventuales durante el verano
Y no solo eso, a veces es que se hacen las cosas con los pies. Es obvio, para cualquiera que sepa lo que es un bosque, que si no se limpian (antes lo hacía el ganado, pero cada vez hay menos) estos de arbustos y ramas secas de forma regular, la carga de fuego que tienen (y por tanto la posibilidad de incendio y la dificultad de apagar estos cuando se producen) crece exponencialmente, porque arde antes la madera muerta que un árbol vivo. Hasta ahí estamos, no? Bien, León, comarcas de la Valdería y la Cabrera Alta, este año. Los pinares se limpiaron, de hecho yo no recuerdo nunca haber visto tanto paso entre los árboles. Pero los restos (los arbustos, las ramas secas, el sobrante de pinaza...) se quedó todo amontonado a pie del bosque. Vamos, que casi peor el remedio que la enfermedad.

La Comunidad de Madrid ofreció su ayuda y la de Castilla-La Mancha dijo que nones
Por lo que he oido, durante la investigación se ha visto que desde Castilla-La Mancha se pidieron efectivos en las primeras horas del incendio y desde la Comunidad de Madrid se hicieron los longuis. Pero vamos, que tanto da quien fuese el gilipollas que no actuó a tiempo, independientemente del color político que tuviese se merece que le hiciesen limpiar los restos de ceniza de todo lo quemado con la lengua. Antes de que se enfriasen, a ser posible.

En el caso de los apagafuegos forestales, haría falta una profesionalización, que estuviesen activos todo el año (al menos para aprenderse el terreno a defender)
Sí, y que cobrasen un sueldo, en lugar de cobrar por conatos apagados. Que no sería el primer (ni el segundo, ni el tercero) incendio forestal provocado por las propias cuadrillas, para justificar el jornal...