domingo, 25 de julio de 2004

Ay, Carmina

La semana pasada (todavía esta, en realidad) fue rica en cadáveres ilustres. Así, de cabeza, me vienen a la mente Antonio Gades (de quien reconozco no haber visto nunca nada, pero sobre quien parece haber unanimidad al respecto de que era uno de los grandes del baile y que reinventó él solito el mundo del flamenco... Además, era un señor que hizo profesión de fe comunista -de la que nunca renegó- en pleno franquismo y que se trincó a Marisol en la época que más jamona estaba -a ver esas risas de fondo... que Marisol, en su momento, no es que tuviese un polvo, es que tenía el Sahara al completo-, motivos ambos por los que tenerle un eterno respeto), o Jerry Goldsmith (de quien no voy a decir nada porque si a estas alturas del curso alguien no sabe quién y qué fue y representó maese Goldsmith, no se merece otra cosa que la hoguera).

También murió la madre de Carmen Sevilla (una señora muy mayor -la madre, me vengo a referir-, y que llevaba ya mucho tiempo enferma, por lo que se veía de venir). Esa noticia ha tenido bastante menos repercusión, pero también es normal que, ante los otros obituarios de la semana, haya quedado en la sombra. Al fin y al cabo, no era un personaje público, alguien que hubiese hecho algo fuera de lo común, sino tan solo la madre de. Por lo que se dio el breve, y tira millas, que hay más cosas de las que hablar.

Eso tiene sentido. Quiero decir, es la madre de un personaje público y muy querido por gran parte de la población española, y tiene una lógica el que se informe de su defunción, dentro del apartado de “sociedad” de los diarios o informativos de televisión o radio. O en los programas dedicados a la prensa del corazón. Y, una vez dada la notica, pues el muerto al hoyo...

Pero ay, señor, que el viernes va y se nos muere Carmina Ordoñez. Hija de personaje público (un torero). Esposa de personaje público (un torero), quien, tras divorciarse de ella, se casó con otro personaje público (una tonadillera). Madre de dos personajes públicos (sendos toreros). Suegra de dos personajes públicos (una modelo y una duquesita). Consuegra de un personaje público (un engendr... una duquesa, digo). Pero en sí y por sí, nada. Y llevamos desde el viernes con especiales sobre la Ordoñez hasta en el helado de roquefort con nueces (que, por repugnante que suene, está riquisimo. En las heladerías Dino lo tienen, y ya les digo yo que vale la pena).

Ahora me podría enzarzar en sesudas disquisiciones sobre el por qué de ese culto a la vacuidad más absoluta, sobre lo bien que se entierra en Este País Que Se Llama España, sobre lo buenos que son todos los muertos (no creo que nadie, ni siquiera los plumíferos más vitriólicos y venenosos del país, se hayan atrevido a sacar las fotos de la Ordoñez camisa azul y mano en alto, que esta señora, ahí donde la ven, tan descocada, casquivana y cocainómana ella, era de la Falange, ese partido que debe ser el summum de la democracia, puesto que la Ley de Partidos no le afecta), y sobre el concepto de malas compañías que se usa en este pais, según el cual las malas compañías son siempre los demás (algo que ya intuyó no me acuerdo ahora si Baudelaire o Rimbaud, solo que en lugar de “malas compañías” usaron el término “infierno”, que queda como más poético). O incluso poner a parir a mis compañeras de trabajo, que cortaron en seco la conversación sobre los malnacidos kamikaces que fueron de Rubí a Barcelona a doscientos y pico por hora, perseguidos por la policía, sin respetar túneles, peajes o semáforos, para acabar tumbando (literlamente) un autobús nocturno, y el accidente de tren que hubo en Turquía, para glosar (en términos no necesariamente elogiosos, que incluso en eso hacen bandos) la figura de la suripanta esa que lo veía todo divinamente.

Pero como que paso. Que escribo esto sólo para dar fe de que no lo entiendo. Que soy maruja y cotilla como el que más, pero que no veo por ninguna parte el interés que pudiese tener esa mujer más allá de su círculo familiar. Que hasta a los trunfitos o los ratolinets (gracias, maese Monegal, por acuñar esa expresión) de Gran Hermano y derivados, o Ámbar (formerly kown as Tamara), o Yola Berrocal han hecho más cosas en la vida, y tienen más méritos para salir en el papel couché (que la prostitución, sea física o sentimental y en público, es una forma de ganarse la vida tan digna como otra cualquiera, oigan, y esta gente son profesionales punteros en su campo) que esta señora que todo lo que hizo en la vida fue ser parida, dejarse follar y parir. Que no entiendo que señoras que van de feministas por la vida la defiendan, cuando precisamente representaba un salto atrás cualitativo y cuantitativo en la visión de la mujer como algo más que un florero reproductivo. Que no, señores, que no lo entiendo...

Ay, Carmina, que hasta muerta has de dar guerra (y por saco, ya puestos...)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Estuvimos comentando el tema en el trabajo y llegamos a la conclusión de que fue "una tia que tuvo lo que quiso y vivió como le dió la gana sin necesidad alguna de trabajar. Si resulta que no lo supo aprovechar, que se joda."

Urui.

Anónimo dijo...

Te has dejado que es sobrina y prima de más personajes públicos, los Dominguín-Bosé.

Olvidarte tú de esa familia, con lo que te pega! :P

Anónimo dijo...

Por cierto, la de arriba soy yo, el guisante.

Sota dijo...

Que me pega? De qué me pega a mi esa familia?

Eso me lo tienes que aclarar, vida, que no me cosco...

Anónimo dijo...

Nuse, tienes un aire así como a Lucía Bosé...

Sota dijo...

LO CUALO!?