sábado, 31 de julio de 2004

La mala reputación

Como ya he comentado alguna vez, aquí el que escribe es (aunque quizá sería más correcto decir tiene formación de) químico. Orgánico, para más señas. Y eso hace que, cuando voy a buscar trabajo, tenga que paterame polígonos industriales dejados de la mono de Dios (y créanme que en algunos casos la expresión no es una figura retórica, recuerdo yo uno en Parets del Vallés que...). Asunto este que es cualquier cosa menos cómoda para alguien que, como yo, no tiene coche, porque los polígonos industriales que tienen transporte colectivo (propio o integrado en el del pueblo o ciudad en el que estén) se cuentan con los dedos de una mano. Y te sobran seis.

El hecho que dichas plantas industriales estén siempre donde Cristo perdió el gorro es debido a la mala reputación que tiene la industria química en general. Una reputación no del todo infundada (no nos engañemos, se trabaja con substancias cuanto menos potencialmente peligrosas, y además a gran escala), pero tampoco tiene tantos motivos como la gente parece creer. Yendo a datos estadísticos frios (reconozco que no he encontrado las estadísticas, así que los números pueden ser incorrectos, aunque de la proporción estoy más que seguro), los muertos o incapacitados permanentes en accidentes relacionados con el sector de la construcción doblan los relacionados con el sector químico (de un 15 a un 7 por mil, respectivamente, y siempre teniendo en cuenta que la petroquímica -gasolinas y derivados- van en columna aparte, porque aunque sea química, es otra cosa). Y en esto se cuentan tanto las víctimas en la propia empresa como las “civiles”, las de transeuntes que pasaban por allí o vecinos. En cambio, a la gente le da mucho miendo tener en el mismo pueblo una fábrica de detergentes y no el meter a un paleta en casa (con el miedo que, por experiencia se los digo, dan algunos paletas...).

Por qué? Por lo mismo que hay tantísima gente con fobia a los aviones y en cambio todo dios va loco por comprarse un coche de gran cilindrada y mucha potencia, pese a que, estadísticamente, hay muchos menos muertos por accidente de avión que por accidente de coche. La concentración. Cuando un avión decide dejar de volar, 300 infelices se van de golpe a reunirse con sus antepasados, y eso es noticia en todo el mundo, mientras que los muertos por accidente de coche son de uno en uno o de dos en dos, un goteo constante, sin prisa pero sin pausa, que ya tenemos asumido como normal. La diosa Carretera reclama sus sacrificios, como en tiempos los reclamara el dios Baal. De la misma manera, un accidente en una planta química puede provocar miles de muertos (creo que el triste récord lo tiene el accidente de Bhopal, en la India, con mas de 2500 almas de una tacada), mientras que el ser esnucado por un ladrillo que se cae desde un andamio, pese a ser estadísticamente más probable, es algo que sólo afecta a una persona. Cada vez. Y al ser menos visible, da menos miedo.

La otra causa ya la he apuntado también, que es lo asumido que tengamos el riesgo. No hay que saber mucho de termodinámica ni de química de polímeros como para darse cuenta que el tener una gasolinera debajo de casa es mucho más peligroso que tener una fábrica de jabones a 20 kilómetros de casa. Sin embargo, para evitar lo primero raramente se montan manifestaciones, y para lo segundo es relativamente normal. Por qué? Porque la gasolinera es un riesgo asumido. Quien más quien menos sabe que la gasolina arde y explota, y poco más o menos qué se debe hacer para evitar que pase y qué medidas de seguridad hay que tomar. En cambio, lo de saber qué pasa en una fábrica de jabones ya es más un tema para iniciados. La señá Maru sabe que no debe fumar en la gasolinera, pero no tiene ni idea de qué es lo que pasa dentro de esa fábrica ni qué es lo que tendría que hacer en caso que hubiese un accidente en ella. Aparte que tener una gasolinera al lado tiene una serie de ventajas añadidas (desde poder poner gasolina al coche antes de salir de casa hasta poder comprar tabaco o patatas fritas a las cuatro de la madrugada), mientras que la fábrica de jabones lo más probable es que eche al aire humos que huelen mal.

Que esa es otra, el tema contaminación. Que siento decirlo de esta manera, pero no es culpa de las empresas. O sí, pero no. Me explico. Cualquier actividad industrial, por definición, contamina. Eso está claro. Por otra parte, la primera obligación de una empresa es hacer dinero. Y los sistemas de reciclaje y paliación de la contaminación son caros. Por tanto, la empresa, de motu propio, no va a instalarlos. Lo hará sí, y solamente sí, le interesa por: a) motivos publicitarios (Biodegradable! Sin fostatos! No testado en animales! Ecológico! Cuando vean esos slógans, sospechen. Cuando no, también, es un buen ejercicio para el cerebro) o b) les obligue el gobierno de turno. Dicho así suena crudo, pero hay que recordar que, antes del accidente de Els Alfacs (un camión cargado de propileno que estalló llevándose por delante un cámping lleno de gente) no había ningún tipo de medida de seguridad para el transporte de mercancías peligrosas por carretera, ni aquí ni en ninguna otra parte del mundo, y tres cuartos de lo mismo para las medidas de seguridad ecológica con el accidente de Seveso (una planta química que echó tropocientasmil toneladas de productos tóxicos al Rhin, a causa de un escape, contaminándolo todo de Austria en adelante). Y no las había básicamente porque la industria se oponía, diciendo que no eran necesarias y eran económicamente insostenibles. Que esa es otra, la seguridad se paga. Y la comodidad también. Y ninguno queremos que nos deslocalicen el trabajo a las Quimbambas porque allí nadie habla de seguridad o medio ambiente...

Yo empecé este post con una idea en mente, y llevo ya una página y media de word escrita y no sólo no la he desarrollado sino que ya no me acuerdo de cual era... Lo dejo por hoy, y a ver si me vuelve a la cabeza y lo continuo otro dia. De momento, cuelgo esto, que quieran que no siempre es culturilla trivial que luce en las cenas familiares.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vivo a cosa de 2 kilómetros de una fábrica de jabones y peligroso, peligroso no es que parezca.

Eso sí, apesta a sebo y grasa caliente. Y estando a 2 Km y todo hay días que no se puede respirar sin tener arcadas (los menos, pero los hay).

Si vieras qué caritas ponen los nuevos universitarios que van al Campus Miguel Delibes, (cruzas una carretera de 4 carriles y casi estás en la fábrica), criaturillas.

Urui.

Gatobonzo dijo...

Qué cierto es eso de que los polígonos industriales están... donde da la vuelta el aire.

Vivimos en el mundo de la doble moral, ya se sabe. Queremos aire acondicionado hasta en el retrete, pero sin dañar la capa de ozono. Queremos todo tipo de bienes de consumos, pero que se hagan lejos, en la India, para que sean baratos, exóticos,... y que contaminen otros ríos.

Desde hace más de 6 años trabajo en medio ambiente y, la verdad, para las empresas todo es dinero.

Poco tenemos que hacer nosotros, pobres consumidores. Me da la sensación de que nos engañan como a chinos con lo de "eco" y todo eso...

Sin ser catastrofista, creo que las cosas se hacen un poco mejor pero, a pesar de eso, en unos pocos siglos nos exterminaremos nosostros mismos.

Ya ves que me ha hecho mucha mella "La guerra de los mundos", o ¿puede que hayan sido los vapores de las fábricas? (jeje)

Un saludo

Gatobonzo