lunes, 19 de julio de 2004

En tierra de nadie

Recuerdan que les conté que estaba trabajando en un geriátrico, de limpieza? Bien, les pongo en situación:

Es una planta grande (la más grande del centro, si no voy errado), y sólo en el servicio de limpieza somos siete personas, de las cuales yo y A. (me permitirán la licencia de poner sólo iniciales, se que queda mucho de novela erótica antigua, pero me gusta como queda. Además, que no es cuestión de dar nombres, que nunca se sabe quién puede acabar leyendo esto) somos suplencias de verano. Quedan cinco. Súmenles las dos del cosedor (donde se arregla la ropa de los yayos, se guardan las sábanas y tal) que no son limpieza pero como si lo fueran, que van siempre juntas y en equipo. Bueno, no, sumen sólo una, que la otra es un encanto (bueno, en realidad no es que sea un encanto, es que si no es boba lo disimula que-te-cagas, vive en su esfera de fantasía e ilusión y no se mete con nadie). Van seis. Añadan, además, a la supervisora (en adelante, la Jefa), que también entra al trapo. Acaban siendo siete.

Bueno, pues entre esas siete fermosas señoras (y me permitirán la ironía), el deporte de moda es el raje sin piedad. Trapero y salvaje. Individual y por equipos. Evidentemente, en cualquier grupo de trabajo donde haya más de una persona, inmediatamente se organizan, como mínimo, dos bandos, pero aquí es que la situación es de guerra declarada... Y no exagero ni tanto así. Se ponen de inútiles, aprovechadas, tontas y hasta ladronas, a voz en grito y a la cara. A las manos, que yo sepa, no han llegado nunca, pero tal y como están las cosas, espero que vuelvan a poner las ventanas(1) del office (la cocina-cuarto de estar-sala de reuniones, para entendernos) a primera hora de la mañana, porque si no me veo a alguna volando desde la cuarta planta al suelo, sin parapente ni hostias. Aclarar que es una cuarta planta desde la fachada principal, pero el edificio está en un desnivel y desde la fachada de la ventana puede ser, sin problemas, un sexto.

Esto es entre grupos. Pero, desde mi privilegiada posición de espectador independiente, me he dado cuenta que, dentro del mismo grupo, las puñaladas son aún más rastreras y crueles. Ahí entran ya en temas personales, que no me extrañaría que alguna guardara un muñeco de vudú de alguna otra en la taquilla.

En la semana que llevo currando, la cosa se mantenía un tanto sotto voce y, al menos, se guardaban las formas. Pero hoy, al no poder hacer el almuerzo todos juntos en el office, se les ha visto el pelo de la dehesa. Parte se han ido a la especie de terracita que hay anexa, y que es la zona oficial de fumadores (a la sazón, yo y A.). Parte, al despacho de la Jefa, que es donde comen las auxiliares (porque en el office no caben todas, y hay piques también entre batas blancas y batas azules), y parte, se han trasladado al comedor. En dos mesas distintas, y alejadas entre sí.

Todo esto a mi me haría más gracia que otra cosa, si no fuese porque, como nuevo, estoy en medio. El caso de A. es distinto, porque ya había trabajado antes en la planta (ya las conoce) y además estará allí aun más de un mes y medio, pero es que yo, el dia 31, paso a otra planta (aún no se a cual, que esa es otra, que la Jefa tiene unos cojones que se los pisa cuando anda...). Y todas quieren llevarme hacia su bando, para tener más peso y hacer más fuerza. Cosa especialmente ridícula cuando ya pel primer dia dejé claro que, según llegara allí a primera hora de la mañana, que me dijesen “hoy te toca hacer ESTO” y listos, que del resto ya me encargaría yo. Pero nada, todas emperradas en contarme sus penas (cosa que aún entendería), y, sobretodo (y eso es lo que me subleva), lo malas malísimas que son todas las demás.

Y que no es que me moleste, que uno es un cotilla declarado y se rie mucho con estas cosas. Es que me jode que me quieran hacer tomar partido. Y que pongan caras raras cuando dejo caer que si hoy he salido a almorzar a la terraza es sólo porque allí se está fresquito, se puede fumar y además estaba A., que es la única que llevaba mechero porque yo me lo había dejado y no tenía ganas de bajar hasta el bar a comprar cerillas...

De verdad, que estoy empezando a sentirme como un paracaidista caido en tierra de nadie, entre las dos lineas de trincheras...


(1) Me explico. Las ventanas esas tenian una cierta edad, y estaban echas una mierda. Vamos, que pa' mi que se oxidaron durante el diluvio universal. Así que hoy han venido a retirar las viejas y mañana, en teoría, tienen que poner las nuevas. El trabajo en el office no puede pararse (más que nada, que los yayos han de comer a sus horas, y tal), así que tiene que pararse el del ventanero, y esta noche el office estará sin ventanas. Espero que no le de por llover, que si no, mañana nos reiremos cantidad.

2 comentarios:

Ghanima Atreides dijo...

Solo dos lineas de trincheras? bueno, pues aún has tenido suerte entonces, y teniendo en cuenta que dices que en breves te trasladan de ala, ya te queda poco tiempo de aguantar (que lo raro no es que haya "dos" frentes más o menos definidos, lo raro es que no haya más)

ánimo!

Anónimo dijo...

Que mala suerte caer en zona de guerra.

Igual en la próxima planta a la que te envíen encuentras un oasis de paz y etc. no todo el geriatrico va a estar de malos rollos.

Urui.