lunes, 11 de octubre de 2004

El ninio que vino del infienno

El sábado por la noche fui a ver Hellboy. La peli está bien, pero tampoco es para tirar cohetes. Un producto digno, para pasar el rato, que quizá peca de enseñar demasiado a los monstruos babosos y con un Ron Perlman FA-BU-LO-SO en su papel (aunque no logre eclipsar con su actución el recuerdo de Vincent y su Catheeeerine... en la Bella y la Bestia), pero que tampoco va a pasar a la historia del cine. O sí, vaya usted a saber, que cosas mucho más insulsas, peor hechas, con menos chicha y, en definitiva, peores, han pasado o tienen todos los indicios de que lo acabarán haciendo. Como Matrix, sin ir más lejos, una mierda pinchá en un palo y puesta a secar al solo sin paliativos. Vayan a verla, que por lo menos pasarán un buen rato y se olvidarán de sus problemas, que ya es mucho. Hellboy, me refiero, no Matrix. Que eso no se lo deseo ni al peor de mis enemigos. Que truño, por dios...

Pensaba seguir hablando sobre lo que he hecho o dejado de hacer durante el fin de semana (lo que sea antes de volver a hablar de política, que luego me riñen), pero como me da la impresión de que a ustedes vusotros no les interesa en lo más mínimo saberlo, y, sobretodo y ante todo, no me interesa en lo más mínimo contarlo (aunque a cambio de una jugosa oferta económica, à la Salsa Rosa, me lo podría plantear), y acabo de darme cuenta de cómo he acabado el post anterior, voy a hacer un ráudo, ágil e inesperado (que a qué viene esto? Ni puta idea. Ya saben los habituales que de tanto en tanto se me va la flapa y digo cosas sin sentido) giro en mis argumentaciones y pasar a hablar de otra cosa. Que, en el momento de escribir esto, aún no se que será. Sólo tengo claro que empezaré poniendo de chupa de dómine al engendro de los Guachosqui.

Una película que, sin ser tan estrictamente aborrecible como otras (y se me viene a la cabeza, por ejemplo, las nefandas, innecesarias, fallidas, totalmente prescindibles, y, en definitiva, inexistentes para la memoria selectiva del abajo firmante, precuelas de Star Wars), contiene todos los elementos que necesita un flime para sacarme de mis casillas. Empezando por las patadas voladoras. ODIO las patadas voladoras. Profundamente. A ver, no me entiendan mal. En una película de kung-fú o similares, no dudo que tengan su lugar. Que una patada voladora, hecha por Bruce Lee, o incluso si me apuran, por Jakie Chan o Jean-Claude Van Damme tengan su punto. Porque son gente que se lo curran y que las hacen ellos, o al menos, lo disimulan muy bien, y que las ponen en el sitio adecuado. No son una fantasmada porque sí, son un detalle más del (por lo general, exiguo, por otra parte) argumento de sus historias. Y ahí lo tengo fácil, a poco que pueda evitarlo NO veo películas de Lee, Chan, Van Damme y similares, y todos felices. Pero cuando me siento a ver una peli de (supuesta) ciencia ficción, darle razón de ser a que un personaje se empiece a pasar por el forro las leyes más elementales de la mecánica, no como deux ets machina para justificar un argumento más o menos fantasioso (cosa que en la SF ya es lo suyo), sino sólo por estética, para hacerlo más espectacular, me temo que es algo que es algo que está dentro de las capacidades de muy pocos guionistas. Entre los cuales, obviamente, no están los Guachosqui.

Que esa es otra. El guión. Por llamarlo de alguna manera. Hace aguas por todas partes. Y me lo venden como una maravilla. Por todos los dioses... Una historia más lineal que la linea continua de una autopista, con tantas sorpresas como un discurso de Jose María Aznar sobre el terrorismo, salpicado con un sucedáneo de filosofía que rechazarían en un todo a cien por ser de mala calidad y barnizado con un refrito pseudomístico que no haría vomitar a una cabra sólo porque la cabra se negaría a comérselo. Y esa mierda de plot ha sido un gran éxito y ha dado pie a discursiones filosóficas de profundidad entre eminencias grasas... Pero estamos locos o qué nos pasa!?

Y ahora me dirán que qué me ha dado, que justifique todo lo anterior, que de ejemplos, que cómo me atrevo, que si yo lo haría mejor, que a santo de qué viene este post... Pues miren, no. No tengo por qué justificarme. Lo hago porque quiero, porque el blog es mio y lo sodomizo cuando quiero, porque puedo, porque se que me asiste la razón y que Matrix es un truño de la peor calaña vendido como cine de verdad, y básicamente, porque no tenía ni idea de qué poner hoy, y con esto he sacado tema. Y me reafirmo en todo lo dicho.

Algún problema?

Eso creía.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"con tantas sorpresas como un discurso de Jose María Aznar sobre el terrorismo"
¿Y decías que no ibas a hablar de política? ¡¡Penitenciagite!!, que diría Hellboy.

Chache.

Sota dijo...

A estas alturas del curso, eso no es política. Es un lugar común. Una frase hecha. Como decir "la cagas más que Ana Palacio".

Anónimo dijo...

Osea, que lo de Hellboy no era nada mas que una cortina de humo para despotricar contra "Meitriks". Pero si para eso no hacen falta cortinas de humo, buen hombre. Además, Matrix mola. Matrix mola mucho. Tiene todo lo que un adolescente descerebrado necesita. Y más todavia, porque hay dialogos, estupidos pero dialogos al fin y al cabo, y podrian haber prescindido de ellos...

Anónimo dijo...

Ese era yo. Que no he firmado. Mierda de formato de blog por diossssss.

Kurtz

Sota dijo...

No, en serio, que cuando empecé a escribir no sabía como acabaría... Hubiese puesto más cosas de otros temas, pero el post ya me había salido demasiado largo. En cuanto a lo del formato del blog, supongo que podría cambiarlo por uno de esos que sacan los comments en un pop-up, pero... me da pereza. Igual cuando me ponga y le haga una limpieza de cara completa al sitio.