martes, 19 de octubre de 2004

Esther, Madonna...

Los que hayan visto este fin de semana la televisión, seguro que se han encontrado, por lo menos una vez, durante alguno de esos programas clónicos de zapping con los que todas las cadenas de televisión llenan espacios de programación, con la escena de la entrega de los Grammy, o los MTv, o alguno de esos premios a la música (o similares) de chichinabo que se hacen en los Estados Unidos, en la que Elton John, durante el discurso de agradecimiento por un premio que le daban a toda la carrera, o algo así (que no me importa ni poco ni mucho ni nada), se puso a lanzar sapos y culebras sobre Madonna, acusándola de hacer playback en los conciertos y luego aceptar estar nominada "al mejor directo". O algo así.

Olvidando la razón que pueda tener o no sir Elton John, y el que se pueda o no considerar un timo que tendan un playback cuando has pagado por ver un directo (que yo creo que lo es, si quiero escuchar música enlatada me quedo en casa y me ahorro los codazos), mi capacidad para hacer asociaciones de ideas chorras me ha llevado a pensar en Madonna. Una cantante que nunca me ha interesado especialmente, pese a que tenga un puñado de canciones buenas (que es más de lo que puede decir mucha gente, como por ejemplo Rafa de La Unión, por poner un ejemplo tonto en todos los sentidos), pero que ha basado toda su carrera más en la estética (y en crear y descrear modas con sus cambios de imagen) y, sobretodo, en el escándalo y en crear polémica. Sexo, religión, política... todo le ha valido para salir en los papeles y vender con ello más discos. Algo así como Prince, con la salvedad de que el enano de Minneapolis era un tanto más discreto, no creaba modas (o no tanto, porque a ver quien era el guapo que salía a la calle vestido como Prince sin que le tirasen piedros) y usaba básicamente el sexo como arma.

Vale, eso último ha sonado muy mal.

Y parece ser que ahora Madonna quiere seguir los pasos que dio Prince en su camino hacia la nada, cambiandose el nombre primero por un signo raro, luego volviendo a ser Prince, luego El Artista Antes conocido como Prince, luego simplemente El Artista, y finalmente... bueno, alguien ha oido hablar de Prince ultimamente? Pues eso. Pues Madonna, visto que su último disco parece ser que lo está comprando todo el mundo, pero de uno en uno (vamos, que no se vende... que American Life sonó mucho, pero más por el escándalo con el videoclip original -que una vez visto no es que no sea para tanto, es que no es para nada- que por sus cualidades musicales, que la canción, por no ser, no es ni bailable, y eso es algo imperdonable para un hit de una disco diva), ha decidido cambiarse el nombre y, en adelante, hacerse llamar Esther. Y no por motivos legales, como nuestra Ámbar (antes Tamara), sino porque sí.

Supongo que este porque sí es, básicamente, que ya no le queda material para seguir escandalizando, y así ha hecho que toda la prensa hable de nuevo de ella. Y es que, como ya he dicho antes, lleva demasiado tiempo escandalizando, y ha sobrepasado el punto de saturación. La sociedad se ha vuelto refractaria a la provocación frivolona vestida de Jean Paul Gaultier, y Madonna está ya demasiado mayor para dar un nuevo golpe de timón y sacarse otro as de la manga para mantenerse en el candelero. El nicho ecológico que ocupaba como reina del escándalo ahora lo han tomado al asalto gente como Eminem o Marilyn Manson, que si bien ya no austan ni a las abuelitas, que estamos todos curados de espanto, por lo menos aún tienen capacidad de epatar.

Vamos, supongo yo. Porque lo cierto es que en el terreno de la provocación, a la ambición rubia teñida ya no le queda más que montárselo con un perro encima de un escenario, y aún así no las tendría todas conmigo de que no haya ninguna foto por el estilo en SEX, aquel libro de fotos eroticofestivas del cual se habló mucho, se vendió nada, se saldó por tres pesetas a los seis meses y ahora se pagan millonadas en las subastas de internete, donde ya haya hecho lo propio.

Por supuesto, todo esto lo digo partiendo de la base que la explicación "oficial" no me la creo. Que se ha vuelto adepta de la Cábala, y que es por eso que ha adoptado un nombre bíblico. Empezando porque, vista su biografía, más que el de Esther le convendría, no diré que el Jezabel, que luego dirán que es que le tengo manía a la chica, pero sí quizá el de Judith o el de la Reina de Saba (que ahora mismo no me viene a la cabeza, me disculparán). Y, sobretodo, porque le niego la mayor. Que alguien pueda ser adepto de la Cábala. Y que esa sea la religión de moda entre famosos, famosillo y aspirantes del Hollywood del nuevo milenio.

NOTA: Todo esto de aquí arriba no es el post que quería hacer para hoy. En realidad, es sólo la introducción. Pero la cosa se me ha alargado demasiado, así que he decidido partirlo en dos. Lo que quería decir de verdad es lo que viene después, que, si no pasa nada extraño, lo postearé mañana. Así que continuará.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo mejor es que ahora Elton ha pedido disculpas y ha dicho que no quería ofender a la Madonna, ¿que habría dicho si llega a querer?.

No estoy de acuerdo en que ya no le quede material para seguir escandalizando, siempre le queda la opción de emprender una "guerra religiosa" con la Iglesia de la Cienciología, esa otra secta que también está de moda por esos pagos, y que nos ha dejado sendas joyas fílmicas gracias al Travolta (la primera casi no la salva ni el Duvall, la 2ª pasé de verla). Eso sí que puede ser lo nunca visto.


Logan-X, Gran Inquisidor, out

Sota dijo...

Lo mismo la había llamado vieja gorda acabada...

Claro, que entonces le podrían contestar que se estaba definiendo a sí mismo, así que...

Lo de la cienciología no me vale. No tiene suficientes seguidores ni es lo bastante potente. Piensa que hablamos de alguien a quien le han intentado tirar de las orejas desde el mismísimo Vaticano. Por la via religiosa, no creo que pueda superar eso.