lunes, 23 de agosto de 2004

Las Edades del Latrocinio

Yo soy de pueblo. Bueno, eso no es exactamente cierto, nací en Barcebollas, pero, en el fondo, soy de Morla de la Valdería, León, que es de donde viene mi familia. Morla es un pueblo pequeñito, MUY pequeñito, en la linde entre la comarca de la Valdería y la de la Cabrera. Bonito. Más por el paisaje natural que por otra cosa, la verdad, pero bonito al fin y al cabo.

Esto viene a santo de que este pueblo, como todos en este pais de charanga y pandereta, tenía una iglesia. Una iglesia y una ermita. Dedicadas a san Bartolomé (por lo que ahora mismo estarán en fiestas, y yo aquí aguantando a los yayos del geriátrico y las arpías de las compañeras de curro) y santa Eulália (tenemos dudas de si es la de Barcelona o la de Mérida, pero al fin y al caso eso no viene a cuento), respectivamente, que son, por si alguien no lo había adivinado, los patrones del pueblo.

Yo la iglesia prácticamente no la he conocido. El edificio sí, porque (a trancas y barrancas) se conservaba en pie, pero no era más que una nave vacía, en forma de cruz latina, a las afueras del pueblo, con restos de cruces (las que se usaban para rezar el rosario y tal) clavadas en las paredes y unas enormes marcas blancas en el absis y las capillas laterales. Las que se corresponderían con los tres altares que tenía el templo.

Que por qué no estaban esos altares ahí? Pues porque un mal dia, el malnacido del cura que la diócesis había destinado a los pueblos de la zona, mal rayo le parta mil veces, decidió venderlos. Sin avisar al pueblo. Junto con cálices, patenas, paños bordados, figuras de procesión y exvotos varios. By the face. Estrictamente hablando, no creo que hubiese nada de mucho valor económico, pero supongo que todos ustedes son capaces de hacerse a la idea de lo que se puede ir juntando en una iglesia, aún de un pueblo pequeño y más pobre que humilde, a lo largo de los años. Básicamente, artesanía. De esa que hoy en dia no tiene precio. Igual había más latón que plata, sí, pero estoy convencido de que la tasación de los faroles votivos que mi bisabuelo (y pongo este ejemplo porque lo conozco de primera mano, no por otra cosa) le hizo, a mano, a la virgen, daría una cifra más que importante. Por cierto, si no recuerdo mal, esos faroles -que, insisto, eran un regalo a la virgen, NO a la iglesia- están expuestos en el Museo Episcopal de Astorga, bajo un dedo de polvo. Como todos los tesoros que tienen allí expuestos, que la última vez que estuve la conservación dejaba mucho que desear. Por supuesto, el pueblo no ha visto un puto céntimo de su valor.

Y, evidentemente, las tallas y los altares, que no se exactamente de cuándo eran, pero debían tener sus buenas décadas, tenían un valor económico importante. Básicamente, es que eran tallas de verdad, en madera, con sus dorados, sus coronas de plata y esas cositas que se pueden comprar a base de diezmar con diezmos a la población durante siglos.

Eso es lo que creía hasta ayer, considerando que dichos altares estaban desaparecidos, que debían haber sido comprados por algún coleccionista de estos que hay que compran cualquier cosa, independientemente de su origen, para guardarla ad eternum en una caja fuerte y mantenerlo como inversión, o bien para montarse su capillita privada y demostrar que son más pios y beatos que nadie. Aunque sea via el robo. Hasta ayer creía que esos altares estaban perdidos, desaparecidos, que habían sido desmantelados y vendidos en piezas a anticuarios o simplemente destruidos porque no tenían el valor que aquel cura, que se debió saltar el párrafo del evangelio en que el Cristo expulsaba a latigazos a los mercaderes de Templo de Jerusalem, había creído que tenían.

Pero ayer me llegó una noticia que lo trastocó todo, y que vino a confirmar que, primero, esos altares tenían un alto valor histórico y artístico (lo cual se suele traducir en valor económico) y, segondo, que estaban todavía en poder del Obispado de Astorga, quien los tenía guardados en sus bóvedas no fuera caso que. Supongo que han oido hablar de las exposiciones de Las Edades del Hombre. Son una serie de exposiciones que se llevan haciendo ya varios años en Castilla y León, en distintas catedrales (lo cual no deja de ser curioso, porque al convertir la seo en sala de exposiciones se hurta la posibilidad de culto a los feligreses, que se supone es su finalidad principal), donde se muestran obras de arte religioso provinientes de parroquias de las distintas diócesis de la comunidad. Bien. En la de este año, un natural del pueblo reconoció, con pelos, señales, abolladuras y marcas de uso, los altares de la iglesia de san Bartolomé de Morla de la Valdería. Clasificados como de origen desconocido. Dado que los fondos de esas exposiciones no provienen de coleccionistas privados, sino de las parroquias y los depositos de los obispados, eso demuestra que la jerarquía no sólo era consciente del robo, sino que había participado en él. La responsable de la exposición fue rápidamente avisada, pero parece ser que, sin pruebas, no hay posibilidad, ya no de que sean devueltos al pueblo (que, sinceramente, sería una tontería a estas alturas) ni de que el pueblo reciba una compensación económica por ello (lo cual tendía bastante más sentido), sino ni siquiera de que se reconozca la filiación de la pieza. No hay pruebas. Ni siquiera fotos, parece ser.

Siento si no se me entiende nada. La noticia me puso de muy mala leche, y la estoy volcando aquí, escribiendo de corrido y no tengo intención de hacer una relectura para corregir cosas y darle al post cara y ojos. Visitar el museo Episcopal de Astorga me retorció las tripas por el regodeo en el doble expolio que supone el tener esas piezas ahí (uno, porque la mayoría fueron cedidas por el párroco de turno al obispo sin consultar a sus legítimos propietarios, y el otro la simple existencia de la mayoría de las piezas, tanto oro, plata y piedras preciosas en una región que no es precisamente conocida por sus riquezas, sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría de las cosas eran provinientes de pequeños pueblos campesinos), pero esto ha sido directamente un puñetazo al plexo solar.

Y después esa gentuza con mitra habla de respeto y de moral y pretenden que se les escuche cuando lanzan mierda por la boca.

Panda de desgraciados...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡San Bartolomé también es el santo de mi pueblo!

angua

Sota dijo...
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Sota dijo...
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Sota dijo...

Pues felices fiestas!