jueves, 19 de agosto de 2004

Taxi!

,NOTA DEL AUTOR: El padre de una buena amiga es taxista. Y dado que resulta bastante probable que acabe leyendo esto, casi que la avise... No sigas leyendo, Cris. Y si lo haces, recuerda que no es nada personal.

Voy a hablar de los taxis de Barcebollas, esta bonita ciudad con un balcón al Mediterraneo que es el Tibidabo, como diría su anestesiado (1) alcalde. Sí, esos taxis pintados de negro salvo en las partes móviles (puertas, capó y maletero), que van de amarillo cantón, combinación cromática que les ha hecho reconocibles y famosos en el mundo entero (aunque me parece recordar que una ciudad en Sudáfrica y otra por la zona del África ecuatorial usan los mismos colores), y que fueron vilmente plagiados por el diseñador de la Abeja Maya.

No criticaré (2) sus precios, por más que sean abusivos, especialmente durante la noche y en los festivos (3), y ya no digamos en las fechas señaladas, del tipo Navidad, fin de Año o San Juan... Donde te pueden pedir casi diez mil pelas por una carrera que en las mismas condiciones no llega a las dos mil (4). Qué pasa, que jode trabajar de noche y en esas fechas? Pues mire, yo he trabajado de noche y en esas fechas, y les aseguro que no me han pagado un sólo centimo más. Dejando aparte que es cuando más clientela potencial tienen, porque no hay otros medios de transporte público prácticos (otro dia hablaré de los absurdos horarios del infame metro de esta ciudad y de sus wonderfulosas líneas de autobuses nocturnos).

Tampoco entraré en poner de chupa de dómine (5) a los profesionales del volante que, llevando la luz verde encendida (lo que significa que están libres y buscando cliente (6)), cuando les haces señas (y hablo de cosas evidentes, que no hay posibilidad de poner la excusa de que no te han visto) pasan de ti como de la mierda. Ni, aún peor, a los que directamente, cuando te ven en la acera asomado para ver si ves venir a alguno, apagan la luz, haciendo ver que no están de servicio, para que no les llames, y la vuelven a encender doscientos metros después. Cosa que cabrea bastante, para que engañarnos.

Ni siquiera hablaré del eterno y surrealista lloriqueo de que hay demasiadas licencias de taxi, y no sólo porque es como para contestarles que también hay demasiadas panaderías, peluquerías, bares, tiendas multiprecio (antes Todo a 100) o cafeterías (7), sino porque, como todo el mundo sabe, a ciertas horas y en ciertos lugares (y no les hablo de suburbios conflictivos y dejados de la mano de dios, les hablo de lugares como el centro de Hospitalet, la Gran Via a la altura de la plaza de España o el Paral.lel) resulta IMPOSIBLE encontrar un taxi libre, y que en algunas paradas como la de la plaza de Catalunya puedes estarte haciendo cola durante horas hasta que te toque uno libre. Otra cosa es el que se quejen de que tienen pocos clientes y que no hacen caja... Sumando todo lo anterior (8)... Ustedes se creen que a uno le entran ganas de cojer un taxi si no es en caso de extrema nece(si)dad?

En realidad, yo estaba escribiendo este mensaje (9) para hacer efectivo mi derecho al pataleo, que es el único que en realidad tenemos, aunque la Constitución no lo recoja explícitamente. Verán, yo ayer tuve la necesidad de pedir un taxi. Hoy hacía cambio de turno en el curro, ayer estaba de tardes (salía a las nueve y media de la noche) y hoy empezaba de mañanas (entro a las siete y media de la mañana). El viaje en transporte público, entre pitos, flautas y trombones, se te va a la hora larga. Y como me veia venir que dormiría poco, porque me tenía que hacer de cenar y tal, pues pensé que siete euros (que es lo que viene a costar la carrera) me los podía permitir, y decidí llamar a un taxi. Desde el trabajo. A una de las cooperativas (y lamento mucho no conocer su nombre, para advertirles de su forma de trabajar y hacer mofa, befa y escarnio como dios manda) que trabajan habitualmente con mi curro, es decir, que saben dónde está y el pan que se da. Llamé antes de las nueve y cuarto. Para pedir un taxi para las nueve y media. La chica que me atendió, muy amablemente, por otra parte, me dijo que ningún problema, que entre y media y menos veinte lo tendría a la puerta. Perfecto. Salgo del trabajo. Nueve y media. Diez menos veinte. Empiezo a ponerme nervioso. Diez menos cuarto. Nada. Empiezo a bajar la cuesta que hay entre el edificio y la calle, con la esperanza de pararle en el camino. Rien de rien. Diez menos diez. Llego a la calle. Con un cabreo de tres pares. Decido volver a llamar para anular el taxi, y buscar uno en la parada que hay a la puerta del hotel de chichinabo que hay enfrente (parada donde, obviamente, no había ninguno, pero eso es otro tema). La respuesta, muy educada por otra parte, de la chica, una vez le explico quién soy y qué pasa viene a ser:
Sí, aún no he encontrado ninguno, pero te lo estoy buscando
En ese momento no me salió fuego por la boca... no se por qué, la verdad. Casi tres cuartos de hora después de que hiciese la llamada. Casi media hora después de la hora a la que había pedido el taxi. Después de hacerme esperar todo ese tiempo, en el que ya hubiese llegado a casa, allí, como un gilipollas. Después de haberme hecho darle nombre y número de teléfono, para que me pudiese localizar el taxista y para avisarme por si pasaba algo... AÚN NO HE ENCONTRADO NINGUNO PERO TE LO ESTOY BUSCANDO.

Comprenden que esté de mala hostia y que cada vez que veo uno de esos jodidos vehículos pintados como si fueran una versión pop cutre del pallaso Augusto me entren ganas de prenderles fuego con el conductor dentro, verdad?

VERDAD?

(1).- Porque es de profesión anestesista y porque tiene toda la pinta de pasarse el dia bajo los efectos de la anestesia... o de algún otro tipo de psicoactivo, no necesariamente de tipo depresivo ni imprescindiblemente con prescipción facultativa.

(2).- Ya empiezo... me da la impresión de que todos mis escritos aquí tienen la misma estructura.

(3).- Qué casualidad, justo cuando yo los uso.

(4).- Verídico. Evidentemente, le dije que si tenía que conducir que no bebiera y me volví en metro. Talmente como una lata de mejillones, donde uno de los mejillones era yo y el aceite ese rojizo era una mezcla en proporciones variables de alcohol, sudor y vómitos. Y quiero creer que ningún otro tipo de fluido corporal. Pero con nuevemilnovecientas pelas más en el bolsillo.

(5).- Léase cagarme en sus todos sus muertos puestos en fila de a dos.

(6).- Sí, como las putas cuando mueven el bolso.

(7).- Más que nada, porque podría acabar derivando todo en un discurso neoliberal que me provocase asco, migrañas, dolor de cabeza, vómitos y ataques de caspa a poquito que me resbalase la argumentación, y tengo yo demasiado sueño encima como para arriesgarme ni tanto así.

(8).- Y añádanle la posibilidad de que les toque un taxista charlatán cuando tu no tienes ganas de hablar, o peor aún, que sea charlatán y copero (léase oyente habitual y fervoroso seguidor de los postulados de la Cadena COPE, sí, la de los obispos, la que no es más de derechas y filonazi porque es física y espiritualmente imposible), que son menos (al menos, en esta ciudad, o bien es que yo he tenido mucha suerte) de los que el tópico anuncia, pero haberlos, haylos.

(9).- Que va en camino de convertirse en un tratado filosófico en tres volúmenes, edición Príncipe, y con notas a pie de página que no aportan nada, soy perfectamente consciente, pero no puedo evitarlo.

2 comentarios:

Ghanima Atreides dijo...

Joer, si que funcionan mal los taxis por esos lares, por aquí no dan tantos problemas, o, al menos, yo nunca me he encontrado con ninguno de esos (y, debido a mi pereza a la hora de salir de casa, cojo bastantes para ir al curro) :(

Ghanima Atreides dijo...

Si antes hablo...
Al rato de escribir ese comentario, tuve que coger un taxi, y el taxista (alguien que podría ser mi abuelo o mi padre) va e intenta ligar conmigo... hasta me dio un papel con su número de teléfono "que no es bueno trabajar mucho y por si algún dia te apetece quedar para ir a tomar unas cervezas"...
Señor, señor...