domingo, 20 de junio de 2004

Petardadas

Reconozco que siempre tuve mucha suerte. Me explico. Yo de pequeño era muy petardero, muy aficionado a los petardos. La verbena de san Juan era, probablemente, mi noche favorita del año, muy por delante de Navidad, Reyes o la de mi cumpleaños. Se juntaba lo de los petardos con las hogueras y la fascinación que el fuego, en la forma que sea, ha ejercido siempre sobre mí. Digo que he tenido mucha suerte porque en contadas ocasiones me explotó ninguno entre los dedos, y las pocas veces que pasó fue con alguna piula(1) o algún chino(2), que era más el susto que daban que el daño que hacían.
También es verdad que, pese a que la cosa me fascinaba, también me daba un miedo terrible e iba con un cuidado exquisito a la hora de hacerlos explotar, tomando precauciones que rozaban el absurdo, y, además, siempre me han gustado más la pirotecnia luminosa (cohetes, fuentes, aviones...) o las cosas tipo correcaminos(3) más que los petardos que simplemente hacían PUM.
Aún así, también hice mis pinitos, como no, con tracas e incluso con rompetochos(4). Recuerdo que cuando era muy crio la legislación al respecto era más que laxa, y cualquier criajo podía ir al tenderete y comprar lo que le pareciera. Vamos, a mi me daban pasta para petardos (siempre menos que la que me hubiese gustado, pero bueno...) e iba yo solito a comprar lo que me pareciera, sabiendo perfectamente que si compraba alguna animalada, la bronca que me iba a caer iba a ser de órdago, así que ya me controlaba yo. Este control no se daba con los padres de amigos/compañeros/conocidos, y recuerdo auténticas competiciones por ver quién conseguia el artefacto más parecido a una bomba H hecho a base de cartón de colores y pólvora prensada. Unos años después cambiaron la ley, y para comprar según que cosas hacía falta la supervisión de un adulto, con lo que se daba la curiosa paradoja que, para comprar cosas menos potentes que el año anterior, y siendo un año más viejo (en una edad en que un año provoca muchos cambios), tuviese que ir acompañado de mi padre o mi hermano. Tampoco es que me afectase demasiado, porque coincidió con la época en que dejé de comprar petardos para dedicarme a otros menesteres en tan señalada noche, pero bueno... Me consta que la ley se enureció a posteriori y que para comprar según qué artículos considerados peligrosos (como por ejemplo los consabidos rompetochos) no bastaba con ser mayor de edad, sino que hacía falta un permiso especial, que no se quién expedía ni falta que me importa.
Esto viene a santo de que ya hace unos cuantos dias que se oyen constantemente petardazos por las calles, señal de que la mágica noche de san Juan se acerca. Y a que esta tarde he visto a una tierna niñita, que no debía tener todavía los diez años, con cuatro rompetochos del grosor de un Edding500. Que eso lo pillan los de la sinrazón y el siego terrorismo y montan la de Dios es Cristo. Luego vendrán las quejas, los llantos y el crujir de dientes porque algún niñato descerebrado perderá los dedos por culpa de una mecha corrida o por hacerse el machito yo esto lo aguanto en la mano, que no me da miedo (vale, eso también lo hacen adultos hechos y derechos que también se quedan sin dedos, pero cuando es en un niño a todos nos parece más terrible, por motivos obvios). Y supongo que el caso no es aislado, que no será sólo esa niña, que el problema es que la vigilancia al respecto se ha relajado mucho. Así que me temo que, esa noche, nuestras ciudades parecerán Beirut en su buena (debería decir mala, pero la frase hecha es como es) época. Y que los pobres desgraciaos que les toque guardia esa noche en los servicios de urgencias de los hospitales las van a pasar pero que muy putas.
Como decía aquella, abróchense los cinturones, esta noche vamos a tener tormenta.

(1)Piula: petardos pequeñitos que se vendían a granel a precios irrisorios, muy populares precisamente por eso. Explotaban, pero poco.
(2)Chino: petardos ligeramente más grandes que los anteriores, pero aún así básicamente inofensivos (salvo que fueses una lagartija y tuvieses la mala fortuna de caer en manos de un desaprensivo que te las metiera por la boca y prendiera la mecha. Antes de que algún amante de los animales se tire a mi yugular, aclaro que yo nunca hice tal cosa, pero sí fui involuntario espectador de tan repulsivo espectáculo. A mi los animales me gustan -excepto los mosquitos y las arañas, pero ese es otro tema- y no les hago putadas de ese calibre. La violencia gratuita me la reservo para los humanos, que es más divertido). Recibían ese nombre porque iban decorados con graciosos caracteres que imitaban letras chinas.
(3)Correcaminos: una especie de traca prensada y atada con cordel que, al prenderla, con cada explosión salía disparada ligeramente hacia alguno de los lados, provocando que el artefacto en conjunto avanzara con rumbo errático durante su corto periodo de vida útil.
(4)Rompetochos: Petardos MUY gansos, con capacidad más que suficiente como para hacer honor a su nombre y reducir a escombros un ladrillo.

3 comentarios:

Ghanima Atreides dijo...

Je, me acuerdo yo de lo divertido que era echar un petardo de los que hacen ruido, en una fuente que había en mi pueblo, que tenía cosa de medio metro hueco por arriba, y el PUM que hacía el petardito quedaba ampliamente magnificado, con lo que el "efecto cañón" llamaba poderosamente la atención de todo el mundo en un radio bastante amplio, hasta que algún adulto venía a echarnos la bronca y nos echaba de esa plazoleta. Años más tarde la quitaron, ignoro el porqué, pero todos los crios que se habían puesto a imitarnos ya por aquella época quedaron bastante decepcionados.

Ains... >.<

Anónimo dijo...

Soy Jamfris, que paso de registrarme ^^

Yo recuerdo con cariño los Batman/Magnum, hasta que los prohibieron, eran esos que eran como una cerilla, que había que rascarlos en la punta... y si lo tirabas a un container (de los de metal), hacía mucho ruido y al abrir mucho humo xDDD

Ficticio dijo...

¡Tú lo que eres es un vándalo!