viernes, 29 de junio de 2007

Pelotón de fusilamiento (XXXIII)

Aprovecho la existencia de una campaña en internet para apoyar a los doctores de Madrid que fueron expulsados injustamente de su actividad por el ex-consejero de sanidad del gobierno de Aguirre por utilizar medidas paliativas del dolor que supuestamente, y repito, supuestamente ya que la sentencia ha salido favorable a los médicos sancionados, podrían haber adelantado o ocasionado la muerte de enfermos terminales, para poder tratar un tema que siempre me ha parecido esencial en nuestra sociedad: el miedo a la muerte.


Este miedo es poderoso. Lo ha sido a lo largo de la historia y sobretodo por aquellos individuos que han acumulado el suficiente poder terrenal como para "tenerlo todo" y temer perderlo con la muerte. Hay que decir que soy ateo y que mi confrontación con el tema de la muerte es la de absoluto pavor, medio aceptación y lamento porqué no exista el cáliz de la vida eterna (si lo hubiera no dudaría un segundo en tomarlo), y que entiendo la fuerza de esa tanatofobia.


Nuestra sociedad, además lo agrava doblemente: la ignorancia de la muerte está presente en toda nuestra vida, la muerte es algo tabú, reservado a sitios especiales y alejados de la vida ordinaria: hospitales, cementerios, y tan sólo una muerte accidental se produce fuera de esos ámbitos "de control". Además, la sociedad del consumo está volcada en un falso "aquí y ahora" de satisfacción inmediata de deseos mediante ejercicios de consumo. Formas de afrontar la realidad que pueden parecernos "positivas" de cara a no tenerle miedo a la muerte y a aprovechar el "día a día" pero que se parecen mucho más a las huídas hacia adelante que una aceptación de la premisa "tempus fugit" y de la inexoravilidad de la muerte.


Ante eso también desarrollamos anticuerpos hacia el sufrimiento. No queremos (y creo que es positivo) que nuestros queridos sufran y menos aún cuando ese sufrimiento tan sólo va a dar a una larga agonía sin posibilidad de recuperación, ni queremos sufrir nosotros. Somos la sociedad "analgésico". Eso no es malo, en otras sociedades pasadas el "dolor" era considerado casi una virtud, algo inevitable, y las vidas eran cortas y brutales, o como mínimo mucho más dolorosas. El dolor, mecanismo natural de defensa ante la enfermedad, las lesiones, heridas, ataques, es una sensación que es necesaria para sobrevivir, sin dolor nos iríamos llenando de heridas sin que existiera un mecanismo de autoprotección, podríamos ser tan descuidados de partirnos los huesos y morir mucho más jóvenes por impruedencias al no tener esos mecanismos automáticos de respuesta. También el dolor nos permite detectar que algo no funciona en el cuerpo y más o menos donde, nos hace ir al médico para buscar alivio. Ahora bien, ese mecanismo natural a veces excede llevando al sufrimiento innecesario a las personas. Hemos aprendido a domeñar el dolor, y a luchar contra las enfermedades y males del cuerpo sin necesidad de tener que pasar agonías para un inmenso número de patologías. Que podamos someter el dolor en muchas de nuestras enfermedades es bueno: una vez detectado el mal, y tomado todos los mecanismos para paliarlo o para curarlo el dolor que nos lleva a un sufrimiento excesivo es innecesario. Si podemos evitarlo: mejor.


Además cuando nos confrontamos ante un dilema con un familiar que se encuentra terminal e incapaz de razonar nos vemos obligados a tomar una decisión durísima: ¿aplicamos medidas sedativas para que la agonía no sea todo lo dolorosa que sería si se continúa igual a costa de que nuestro familiar viva unas horas menos?. Yo le tengo mucho apego a la vida, pero no he tenido la mala suerte de estar sufriendo terribles dolores (tan sólo una vez he pasado por quirófano y fué por una rotura del tabique nasal... por suerte, hasta ahora mi salud es buena), y posiblemente no me veo escogiendo para mí la opción menos dolorosa pero que más rapidamente me llevaría a la tumba, pero puedo entender que alguien opte por esa vía, y puedo entender que cuando ya estamos incapaces de tomar ninguna decisión en un proceso terminal la familia quiera que no suframos innecesariamente y nos induzcan un coma o nos saturen a sedantes aunque eso nos acorte la vida.


Decisiones de este tipo, cuando nos las confrontamos de cara parecen claras o al menos nos debería parecer que lo normal es que alguien que no quiera sufrir no tenga que hacerlo, si ella desea, o que si la enfermedad es incurable, nos va a llevar por delante y nuestro estado es de incapacitación, alguien de la familia tome la decisión de aplicarnos medidas sedativas. Eso "en la realidad del hospital" y de la vida, el tener esa opción, nos parece esencial, pero en el debate moral de salón no.


La sociedad tanatofóbica salta en seguida, apoyada por algunos medios y por políticos pacatos, cobardes o simplemente inconscientes de que es el ejercicio de la medicina. ¿Cómo se atreve un médico a inducir a que personas tomen decisiones que acorten la vida de un familiar?.. por favor, la vida es "sagrada", "lo único que tenemos", "lo más importante", o cualquier argumento moral o metafísico que queramos, argumento que en el papel puede sostenerse pero ante la realidad médica y hospitalaria se deshace como un azucarillo... ¿deberían los médicos sancionados en Madrid no haber inducido a sus pacientes o a los familiares de estos a tomar medidas paliativas?, ¿de verdad estos moralistas de salón preferirían un médico que les dejara languidecer agónicamente entre terribles convulsiones, con dolores insufribles, con el cuerpo desgajándose por dentro o que el médico les explique que tienen esa opción de morir sin dolor, sedados y tranquilos, inconscientes, sin el miedo a morir clavado en los genes y el cuerpo luchando desesperadamente por algo que no es ganable y les aconseje que no se tomen esas medidas, incluso les diga y les ponga esa opción por delante? ¿prefieren que el médico no inyecte la morfina en el cuerpo y les deje sufrir 15 minutos de agonía superdolorosa?


Es más, ellos si tuvieran esa aguja de morfina en sus manos, tuvieran a una persona herida de muerte a 15 minutos de que se le apague el corazón definitivamente y agonizando de forma insufrible, ¿no tomarían las mismas decisiones que los médicos sancionados?.


Lo que es obvio, es que estos médicos han salido limpios del proceso judicial, con lo cuál el exceso de celo del ex-consejero de sanidad de Madrid ha sido lesivo, la imagen de estos médicos a los que se les tachó de asesinos, carniceros y de matar a centenares de personas no ha sido restituida, y aquí sí que hay unos agraviados directamente, que por ejercer de la forma que han creido más ética su profesión, por luchar para evitar sufrimientos innecesarios en sus pacientes, y sin haber cometido ningún delito han sido tildados de lo peor.


Yo no sé si quiero que el doctor Luís Montes me atienda en mis últimos instantes, no lo conozco, no sé si es el mejor médico de su especialidad, pero lo que sí tengo claro es que quiero un médico que mire por evitarme sufrimientos innecesarios, que me dé las opciones y que si ya no hay nada más que hacer y me pueda evitar 10 minutos de agonía dolorosísima lo haga... él no será un asesino, ha sido la enfermedad la que me ha matado, el médico: tan sólo ha hecho lo que ha podido, si mi vida no podía salvarse, al menos ha evitado que agonice y sufra.

Original de Joselito.

Se libraron del paredón por muy poco: Rollo-Villanova, Lüzbel (dos veces), Júcaro (dos veces), Lopiensoloescribo, Egócrata (dos veces), , Hugo Martínez (tres veces, lo de este chico es contumacia en el error), Kickg, Michael, Javier Pueyo, Enchufe, Antonio Florez (dos veces), Metalman y Marc Vidal.

Hace 309 posts...

1 comentario:

nanyu fonseca dijo...

oye, que yo estoy de fiesta y este post me da un poco yu-yu... me voy de cenorrio!