lunes, 1 de noviembre de 2004

Monzón

Hace años que los expertos llevan avisando que se está acercando un cambio climático, propiciado por la cantidad de mierda que tiramos al aire y la destrucción sistemática de los sistemas boscosos (en especial la selva del Amazonas) del planeta, que son los encargados de ir reclicando el aire y mantener el equilibrio de gases atmosféricos que son necesarios para el desarrollo de la vida tal-y-como-la-conocemos. Lo cual es estrictamente una mentira, un eufemismo para no decir, así, a saco, que nos son necesarios a nosotros para sobrevivir. Porque eso sería, en el fondo, reconocer que no somos más que un animal más que ocupa un nicho ecológico determinado en el esquema general de las cosas, y eso a la gente le da mucho miedo reconocerlo. Que todavía subsiste la creencia que somo algo superior, y, más aún, que somos el final del camino evolutivo y, tras nosotros, la nada. Lo primero no es cierto, y lo segundo, tampoco. El caos, quizá, pero la nada no. Que se conocen bacterias cuyas condiciones de vida ideales son de unos cuantos centenares de grados (Celsius) de temperatura, tanto por encima como por debajo de cero, o concentraciones de compuestos de azufre capaces de hacer reventar cualquier otra célula en un decir jesús, o pHs extremadamente ácidos o extremadamente alcalinos, o salinidades exageradas, o incluso que en su ciclo biológico han incorporado isotopos radioactivos de vida media de unos cuantos centenares de años, y tan panchas. Y se sabe perfectamente que las arañas, las cucarachas y algunos otros artrópodos pueden sobrevivir sin problemas a la radiación de una bomba nuclear. Tras nosotros el caos, vale, pero el caos es parte consustancial de la naturaleza, y al planeta no le va a venir de ahí.

Cuando esto se saca a la palestra en un foro público (me refiero a la posibilidad de un cambio climático, no a lo otro, que ya digo que no suele salir), los Grandes Arcanos del mundo (poderes económicos, poderes políticos, poderes militares) suelen conjurarlo tachando de "alarmistas" a quienes lo dicen. Que eso es mentira. Que no hay pruebas. Que no hay datos. Que eso no nos puede pasar a nosotros, que mira que cojonudos que somos que hemos llegado a la Luna y todo, nos va a venir ahora a jodernos una tormentita de nada. Y, amparándose en el analfabetismo científico de la gente, que está demasiado ocupada haciendo encaje de bolillos todos los dias para poder pagarse su hipoteca (hablo del primer mundo, claro, en el tercero bastante tienen ya con lo que tienen como para preocuparse por el cambio climático), bloquean o pervierten cualquier intento de dique que se plantee para detener la marea que se nos viene encima.

Porque es que uno enciende la tele, o coge un periódico, y se pone a echar cálculos, y se encuentra con que en poco más de dos meses se han dado cinco de los tifones más bestias que se recuerdan, al tiempo que otras zonas están sufriendo sequías como hacía siglos que no se recordaban. Cierto es que ahora podría invocar la frase (creo que era de Lovelock, pero no me hagan mucho caso) aquella de la Tierra es un ser vivo y tiene piel, y esa piel tiene enfermedades, y el ser humano es una de ellas, y decir que esos fenómenos meteorológicos "extraordinarios", junto con la gran cantidad de terremotos que también se están produciendo en todas las zonas sísmicas del mundo, no es más que la tierra se está rascando. Puede ser, pero eso me tranquiliza aún menos, porque si la cosa es un cambio climático porque estamos haciendo las cosas con el culo, aún se podrían poner parches para intentar ralentizar el proceso, pero si es que el planeta se ha hartado de nosotros, caballeros, nos quedan dos telediarios.

En cualquier caso, lo que a mi me preocupa no son los tifones o las grandes sequías. En parte, egoistamente, porque me quedan lejos. Pero básicamente porque sequías y tormentas especialmente destructivas las ha habido siempre, y entra dentro de lo razonable (sería más correcto decir de lo calculable) el que, por aquellos caprichos que de vez en cuando tiene el cálculo de probabilidades, coincidan varios en un periodo de tiempo corto. Ni siquiera me preocupan los veranos extraordinariamente cálidos como el de el año pasado años, porque, de nuevo, mientras sean fenomenos (relativamente) aislados, entra dentro de lo posible (aparte que siempre he dicho que si el año pasado hizo tantísimo calor fue porque hizo el calor que correspondía más el calor de hace dos años, que el verano fue frio y lluvioso). Lo que me pone a mi la mosca tras la oreja es algo más sutil, si quieren. Menos drámatico.

Cuando, de chinorri, iba al colegio, me enseñaron que existían cuatro estaciones. Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Y se hacían dibujitos de cada estación, y se decoraba el aula del colegio con motivos alegóricos. Porque cada estación tenía una serie de características climatológicas propias y diferenciadas. Chachi. Luego no cuadraban las fechas que daban como "de inicio de estación" con el cambio de clima, y algunas cosas nos sonaban a cuento de hadas, como la nieve, que por Barcebollas se ve más bien poco, pero bueno, más o menos. Más mayor, me explicaron que eso era sólo en estas latitudes, y que a causa de la forma cuasi esférica de la tierra y de la inclinación de eje, en los trópicos sólo había dos estaciones (la húmeda y la seca), y en los polos también (la fria-de-dia y la fria-de-noche), y en las zonas subtropicales el clima se podía mantener más o menos estable durante todo el año, y que además las estaciones eran opuestas en el hemisferio norte y en el sur (cuando aquí es verano, allá es invierno, y al revés). Chachi. Sobre el papel, todo cuadraba, y, dentro de un margen de error aceptable, cuadraba con la realidad. Ahora, pónganse la mano en el corazón y diganme... cuánto hace que no viven ustedes una primavera o un otoño dignos de ese nombre, y que duren los (aproximadamente) tres meses que tienen que durar?

Hace ya años que pasamos del calor al frio (y viceversa) de golpe, sin esa época de impass que se presupone debería haber entre ambos. El concepto "ropa de entretiempo" ha dejado de tener sentido, porque no hay "entretiempos". A lo sumo, un par de semanas de monzón, de lluvias desagradables y desapacibles que hacen más daño que otra cosa, porque se presentan de golpe y sin avisar, y descargan todo el agua que correspondía a los seis meses anteriores, sin dar tiempo a que la tierra la absorba, y que por tanto arrastran todo lo que pillan por el camino, acentuando la desertización. En una semana, en Barcebollas, hemos pasado de ir en manga corta, con temperaturas por encima de los 20 grados, a tener que buscar la chaqueta y a duras penas llegar a los diez. Del verano (largo, demasiado largo) al invierno. Sin Otoño. Sin impass. Sin entretiempo.

Hemos perdido dos de las estaciones del año. Y no es un fenómeno puntual de un año, sino que lleva varios repitiéndose, sin variaciones en la pauta.

En este momento, en la calle, llueve. Y el aliento hace nubes de vapor al respirar. La semana pasada aún hacía calorcito.

Lo mismo si que va a ser que hay un cambio climático, oigan.

3 comentarios:

Kraken17 dijo...

Al final, al paso que vamos, hasta Roland Emmerich tendrá razón...

...

Mierda.

Anónimo dijo...

Tranquilos que ahora Bush lo arreglará todo en su segundo y último mandato (a menos que se las arregle para poder ser elegido una vez más, ¿como vice de Cheney?), faltaría más con lo ecologista que es él.

Sota dijo...

El cielo nos asista...