viernes, 10 de diciembre de 2004

Duerme, duerme, negrito

Hoy se cumplen 56 años de la aprobación, por parte de la ONU, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Algo que, como todos ustedes saben, a estas alturas del curso se ha convertido en papel mojado a base de que Poderes Fácticos y neofeuds se le (se nos) mearan encima. Como digo, nada que no supiesen ustedes ya. Espero.

La cosa tiene su coñita porque, precisamente hoy, y coincidiendo con dicha efeméride, el juez Juan Carlos Urrutia ha tenido los santos cojones de comenzar a procesar al (grandísimo malnacido del) teniente coronel Mario Manríquez Bravo, que en los meses que siguieron al golpe de estado dado por Augusto Pinochet (ese entrañable -en el sentido que dan ganas de arrancarle las entrañas, supongo- al que con tanto celo defendieron el gobierno Aznar y Margaret Tacher cuando Garzón intentó procesarlo por aquella atrocidad) fue el comandante del centro de detención del Estadio Chile, convertido para la ocasión en campo de concentración improvisado, y responsable máximo de lo ocurrido.

Lo ocurrido fue que le mataron, claro. 34 balazos, a falta de uno. Lo cual, en mi pueblo, se llama ensañamiento, y en cualquier sistema judicial con cara y ojos el ensañamiento es un agravante. Lo realmente atroz del caso, por esto, no fue tanto que le mataran (lo cual, hasta cierto punto, es un comportamiento habitual por parte de estas... alimañas), ni siquiera, si me apuran, las palizas previas (a base de puñetazos, patadas y culatazos de fusil), sino que le machacaron (en el sentido literal de la palabra) previamente las manos para que no pudiera volver a tocar la guitarra, y, una vez muerto, se limitaron a tirar su cuerpo a la calle "para que sirviera de ejemplo". Lo de las manos puede parecer una chorrada en comparación, pero si tenemos en cuenta que Jara era un cantautor (busquen por ahí, era bueno, y las letras no tienen desperdicio), la cosa toma un cariz distinto. No buscaban matarle, buscaban humillarle. Lo de acabar matándole fue sólo porque se habían pasado demasiado y habían roto el juguete.

El golpe de Pinochet fue el once de Septiembre del 73. Hace 31 años de eso. La dictadura acabó, teóricamente, en 1988, cuando Pinochet perdió su propio referendum. 16 años. Con total inpunidad e inmunidad por parte de los criminales. El caso de Jara es especialmente conocido por ser un simple cantante que gozaba (goza) de popularidad, pero los muertos, desaparecidos y torturados se cuentan por centenares. No contemos el exilio. Hasta el 5 de diciembre (menos de una semana), el general jefe del ejército chileno (Juan Emilio Cheyre) se había negado en rotundo a informar al gobierno de la identidad de los responsables de los hechos del Estadio Chile. Este mismo caballero, por lo que leo en algunos diarios digitales, el martes por la noche impartió un seminario hablando de derechos humanos y recomendando a los militares procesados/procesables que dijesen dónde estaban los cadáveres siempre y cuando se les prometiera aplicar una Ley de Amnistia que los dejaría libres y sin mácula.

Papel mojado.

Y la frase de Kissinger resonando, será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.

Y a este malnacido le dieron el Nobel de la Paz.

Papel mojado.

Papel mojado.

A veces a uno le dan ganas de secarlo, ni que sea a hostias, la verdad.

Quieren ocultar la infamia
que legaron desde siglos
pero el color de asesinos
no borrarán de su cara.
Ya fueron miles y miles
los que entregaron su sangre
y en caudales generosos
multiplicaron los panes.


(De Vientos del Pueblo)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues deja que Condoleeza "3 delicias" Rice actue una temporada, secundada por Donald "Perogrullo" Rumsfeld, y quiza eches de menos a Kissinger.

Logan-X

Sota dijo...

Logan, me gusta porque eres único dando ánimos...