lunes, 13 de diciembre de 2004

Literatura de a veinte pelas el litro (VII)

El ser partícipe de ese experimento sociológico que es el bookcrossing tiene estas cosas. A veces no encuentras nada en los sitios habituales (generalmente cuando te has quedado sin nada que leer y pasas cerca, por supuesto), a veces te encuentras joyitas que te da pena devolver a la circulación, pero como a uno le gusta ser consecuente pues acaba cumpliendo, aunque sea a regañadientes (me pasó con Como Agua Para Chocolate, una novela fantástica que recomiendo desde aquí), y a veces se encuentra con muchas cosas pero ninguna interesante, y acaba cogiendo cosas como la que voy a comentar.

Para que se hagan una idea, se trata de un best seller de mediados de los ochenta, que tuvo su transposición cinematográfica en una peliculita correcta, pero del montón, protagonizada por Harrison Ford (puntazo por parte del que diseñara la portada de la novela: Puso una foto de Indiana Jones, cuando la caracterización de Ford -que, logicamente, era el gancho de la novela- en esta peli no se parecía en nada). Tanto la novela como la película tienen un argumento con tanta complicación como el mecanismo de unas tijeras. Y digo unas tijeras en lugar de un chupete porque tiene el punto de originalidad de hablar de una comunidad como la Amish (esa gente del medio oeste americano que por convicciones morales y religiosas se han quedado anclados en el siglo XIX) y describirla de una forma que, si bien no puedo decir que es acertada (porque no lo se), por lo menos si está bien llevada.

Supongo que los más cinéfagos entre los que me lean ya se habrán dado cuenta de que estoy hablando de Único Testigo (Witness) de W. Kelley y E.W.Wallace. La historia. Viuda Amish con niño pequeño y ataque de claustrofobia dentro de la comunidad que decide ir a visitar a su hermana a la gran ciudad. Niño que se hace pipines en la estación, va al lavabo y presencia un asesinato, que más adelante se sabrá que ha sido cometido por polis corruptos y malos malosos. A partir de ahí, el vodevil policíaco-con-niño típico, pero con ambientación amish. Poli bueno y abnegado pero cabrón y con vocabulario feo y mala vida que se encarga de la seguridad del niño y la mamá. Mamá que se horroriza de la actitud del poli. Poli que se hace amigo del niño. Los tres huyendo hacia otro sitio, donde acaban encontrándolos. Poli que se encoña de mamá. Mamá que se encapricha de poli. Cuernos por parte del pretendiente oficial de mamá. Escena costumbrista amish. Polvo pudoroso apto para todos los públicos. Malos que intentan cargarse a poli, a mamá y a niño. Poli que se carga a los malos de manera más o menos imaginativa (enterrar vivo a un malo en trigo, dentro de un silo, otra cosa no será, pero original sí). Descubrimiento por parte de mamá de que no está enamorada de poli, sino que había sido un calentón, y que en realidad a quien quiere es al pretendiente. Separación quedamos como amigos. Fin.

Bueno, no me miren con esa cara. Ya les avisé que era un best-seller, no creo que se esperasen algo de gran profundidad psicológica. Además, el libro es finito, con letra grande y a doble espacio, así que tampoco es que de para mucho. Pero el caso es que se lee bien y la historia no es especialmente estúpida, así que tampoco es para decir "he perdido el tiempo". Si lo lees en el metro, para hacer más pasables las horas muertas, tiene su coñita y todo.

Aunque también les digo que, en este caso, no he tenido ningún reparo ni remordimiento en volver a ponerlo en circulación.