sábado, 25 de diciembre de 2004

Un cuento de Navidad

Siempre he odiado las fiestas de Navidad. No soporto las reuniones familiares, las falsas sonrisas, los regalos chorras, los programas de televisión más chorras aún, la obligación de ser feliz, cuando lo que en realidad te apetece es descuartizar a tu familia con un cuchillo de cocina, tirar sus restos por el lavabo e irte de juerga con tus amigos. Pero todos los años tengo que soportar esas interminables reuniones, que dejan secuelas para el resto del año. Así que, qué haces para soportarlas? Comes. Bebes vino. Me gusta el vino blanco, dulce, algo seco, afrutado. Ese que pasa como si fuera agua, y que cuando te quieres enterar la habitación ya te está dando vueltas.

Y los regalos... Qué me decís de los regalos? Siempre se regala lo más inútil que se ve. Y para mí, que se hace a mala leche, el regalar algo que no va a gustar. Quizás sea el subsconciente, o quizás falta de imaginación. Personalmente, odio que me regalen ropa, colonias o música. Nunca me aciertan con los gustos. La verdad es que lo mejor es que te den dinero, y al día siguiente te lo gastas en una buena farra. Pero es que es verdad, hay cada regalo que da miedo. Y qué haces para olvidarlo? Beber vino. No sé, todas las navidades me entran ganas de probar el amontillado. De pillarla de amontillado. Dicen que es muy bueno. Pero claro, es carísimo, y en mi casa no hay tanta pasta. Es una lástima, me encantaría celebrar un banquete de navidad con un buen tonel de amontillado junto a la mesa... Uno como el del cuento de Poe.

Y qué decir de los programas de TV!! Parece que compitan por ver quién lo hace peor. Y entonces es cuando cogerías a ese tío que te ha estado haciendo la puñeta toda la noche y lo estampa­rías contra la pantalla, para matar (es un decir, claro) dos pájaros de un tiro: Al jilipollas de tu tío, y al jilipollas que está intentando imitar a Raphael, y encima lo hace de pena. Pero por educación no lo haces (la familia se enfadaría si rompieras la tele), y acabas comiendo turrón y avellanas compulsivamente.

Pero este año estuvo bien. Justo cuando abrí mi regalo (una horrible camisa de flores en colores brillantes que no me voy a poner en la vida), mi tío hizo el enésimo chiste malo sobre mi vida privada, y por la tele salió Ana Obregón con uno de sus recurren­tes ataques de histeria. Fue entonces cuando cogí el cuchillo de cortar el turrón, me giré hacia mi tío, y le dirigí la mejor de mis sonrisas...

Ah, adoro la navidad.

(Escrito en navidades del '97)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues parece que para Fin de Año vuelve la biologa, con que será un buen momento para completar cualquier trabajito que hayas dejado a medias en el pasado.
Yo también prefiero el blanco (claro que en la tierra del Albariño y el Rías Baixas pienso que esto debe ser algo casi genético), aunque siempre he querido probar fino y manzanilla.

Logan-X