sábado, 4 de noviembre de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XVII)

Decepcionante. Si he de describir de alguna manera Fiesta(The sun also rises), de Ernest Hemingway es como decepcionante. Porque claro, uno ha leído y ha oído tanto sobre esa novela, que si el gran clásico moderno, que si los grandes diálogos, que si la obra maestra, que si patatín y que si patatán, y luego se encuentra con eso. Y se decepciona, lógico.

Que sin duda gran parte de la culpa está en la (horrorosa) traducción a cuatro manos, que si bien no llega a ser el español neutro de los dibujos animados de-toda-la-vida, es rica en expresiones digamos... poco peninsulares. Supongo que porque la edición, de 1962 (maravillas del bookcrossing, amigüitos! Únanse!), aconsejó a Plaza y Janés hacer una traducción única para todas sus sedes (Barcelona-Buenos Aires-México-Bogotá), y ya saben lo que pasa con las coediciones, que al final eso se paga. Pero si sólo fuese eso, nada, que uno será un pérfido catalufo rompe-españas, pero aún tiene suficiente vocabulario en castellano como para sortear sin más dificultades algo así. Pero es que la traducción en sí (y la edición en general) era espantosa. Varios false friends obvios en los que han caído de cuatro patas, guiones indicando diálogo que desaparecen por arte de magia, puntos que hacen lo propio por arte de birlibirloque, tildes que parecen puestas al buen tuntún...

Si la historia en sí fuese buena, todo eso me podría dificultar un poco la lectura, pero sarna con gusto no pica. El problema es que tampoco. Porque la verdad, la historia de cuatro diletantes y una, en correcto castellano, buscona, que se pasan el dia borrachos y se van a pescar truchas en Navarra y a ver los sanfermines, pues como que no me dice nada. A ver, la descripción del primer día de los sanfermines es preciosa, y probablemente para alguien que sea aficionado al toreo la del antes-durante-después de las corridas, con todo lo que pasa en la plaza de toros y sus aledaños, también lo serán. A mí, por mi parte, me encantan los toros, y ese es uno de los motivos -el principal, aunque no el único- por los que no puedo ver a los toreros ni en pintura, así que... Todo ello sin demérito de que pueda reconocer la belleza estética intrínseca al toreo, pero es que a) cualquier cosa donde aparezca una bestia tan espléndida como es un toro de lidia ha de ser necesariamente bella, b) a mi de siempre me ha gustado el gore, la degollina y el sanguifetge, y c mi sentido de la estética tienen un algo de retorcido, no se exactamente en qué punto ni con qué motivo, que hace que pueda ver belleza estética de primer orden incluso en los productos culturales de regímenes por otra parte tan despreciables como el nazismo y el estalinismo (motivo este que ya me ha costado más de una discursión con personos con coordenadas estéticas distintas de las mias). El valor de los toreros?No me hagan reír, por favor, que uno tiene una reputación de seco, borde y desaborío que mantener. Valor era lo de las vírgenes cretenses que bailaban sobre toros bravos, sin tener una abulancia esperando a la puerta de la plaza. Lo de los toreros es simple inconsciencia, porque para ponerse delante de uno de esos bichos hay que ser un inconsciente.

Me voy del tema, perdonen. O no, porque es que no hay mucha cosa más, tampoco. El resto de la historia es una novela rosa alcohólica de lios entre los protagonistas, siempre o borrachos, o de resaca, o en camino de alguna de las anteriores. Todos se quieren trajinar a la buscona, la buscona se quiere trajinar al torero, o, en su defecto, a alguien que tenga mucha pasta y un título nobiliario, todos beben como si se acabara el mundo, se pelean entre sí con diálogos pueriles, inconexos y deslavazados... y vuelta a empezar.

Por lo que dicen el prólogo, es un relato basado en hechos reales (como los telefilmes de sobremesa, con todo lo que ello tiene de malo y lo poquito que pueda tener de bueno), donde el prota principal, el que lo cuenta, sería el propio Hemingway, pero qué quieren... Maruja Torres, cuando hacía crónica social en los veranos marbellíes para El País, lo hacía mejor, con más gracia y era mucho más cáustica. Al menos, los diálogos eran creíbles y te reías con lo que te contaba.

Decepcionante, en suma. Decepcionante y prescindible. Un tres, y soy generoso.

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2 comentarios:

Mitriades dijo...

Quízá fiesta para nosotros no sea "interesante", pero en el momento que se escribió fue rompedora y sirvió como base a mucha de la literatura de nuestro siglo. Eso no significa que haya de gustarnos, yo por mi parte odio a Victor Hugo y sus Miserables, es que no puedo con la dichosa meganovela, que le vamos a hacer. En todo caso te recomiendo, si no lo has leido todavía, el viejo y el mar. A mi me gustó mucho.

Sota dijo...

Está en cartera, está. A ver que tal.