viernes, 17 de noviembre de 2006

Pelotón de fusilamiento (III)

(o la sección absurda y patillera formerly known as Armas de copypasteo masivo)

A mí me pegaron en el colegio. Yo he visto cómo un "niño bien" de "casa bien" arrojaba una mochila de unos 5 kilos por el hueco de la escalera a la cabeza de otro niño. A mí un profesor me ha separado en el pasillo cuando, por primera vez, me defendí de años de presión. Y me dijo: "no lo hagas, sabes que tienes las de perder". ¿Quieren que hablemos de sus hijos?

Los españoles somos, de natural, hipócritas. Todos estamos escandalizados al ver a los maestros manifestándose en Barcelona. Todos miramos de reojo el número de bajas por depresión que hay entre el personal docente de nuestro país. Pero muchos también piensan que no deberían quejarse tanto de lo que les pasa. A fin de cuentas, más grave es que en Barcelona no se permita la enseñanza en castellano -dicen- y luego no lloran tanto cuando tienen las mismas vacaciones que los escolares, que no son pocas. ¿No?

Lo que está pasando en las aulas no es nuevo. Y no, no se engañen, no es culpa de Zapatero. No es cosa de la LOU, ni de la LOGSE. Ni de Aznar. Ni siquiera es culpa de González. Es culpa suya, de cada padre y cada madre de este país. O al menos, de la gran mayoría. Y sé de qué hablo, a mí también me acosaron.

En aquellos tiempos (no hace mucho) iba a un colegio bien, en el que al jefe de estudios le preocupaba más decirnos que a él le podríamos engañar "pero el de ahí arriba lo ve todo" que en saber qué pasaba en realidad. En mi promoción había auténticos matones. Y no, no eran niños marginales, ni de "etnia" -como decimos los tan toleraontes payos- gitana. Eran niños bien, de colegio primero privado y luego concertado. Niños de moto a los 14 y coche a los 18. ¿Les suena el perfil?

Recuerdo que una vez le pregunté a mi hermano por qué yo que sacaba buenas notas no podía tener moto. No entendía cómo uno de esos matones, que no merecían más que yo, podía tenerla. Y su respuesta fue la clave: "Posiblemente él sea así porque tiene la moto". No es cuestión de que quienes conduzcan moto, obviamente, sean descerebrados delincuentes. Es mera cuestión de disciplina, de educación, de tener lo que se merece y de capacidad de sacrificio. De saber lo que valen las cosas y aprender a que sus padres digan "no". De no salirse siempre con la suya.

Hoy en día la gente tiene hijos cada vez más tarde. Los precios de la vivienda (y de todo) suben, pero ahí siguen los sueldos. El estilo de vida que llevamos actualmente hace que la gente se vaya de casa a los treinta, se case -si lo hace- y a los "treinta y" se decidan a tener algún hijo. Claro, ya es suficientemente dura la vida de hoy en día como para llegar a casa y estar con ellos. Quien tiene cierta responsabilidad laboral, porque se pasa la vida de reuniones, trabajo o viajes. Y quien no porque al llegar a casa no puede más.

Tener hijos implica que la jornada laboral de cada cual empieza al llegar a casa tras salir del trabajo. Tener hijos implica llegar, preparar meriendas, que hagan los deberes, llevarlos al paque, bañarlos, educarlos, hacer cenas, cuidarlos, acostarlos... Y claro, eso cansa. Pero somos demasiado cómodos. ¿Para qué educar cuando podemos, digo yo, comprarles la consola? ¿O el ordenador? ¿O el móvil? ¿Para qué estar con ellos cuando se les puede apuntar a ballet, fútbol, inglés, informática o lo que sea con tal de quitárnoslos de encima?

¿No han ido a comer o cenar por ahí y han visto -y oído sobre todo- a los niños de la mesa de al lado berreando? ¿No les han dado ganas de levantarse y cruzarles la cara? Pero no a ellos, sino a los padres. Que ahí siguen, callados, ignorándoles. Todo el local mirándoles, pero ellos pasando. Ya no pueden luchar con ellos. Es más efectivo darles la consola. O comprarles ese juguete.

Ni yo, ni mis hermanos, ni mi novia o su hermana, ni ninguno de mis amigos. Jamás hubiéramos montado un pollo así. Jamás se nos hubiera ocurrido. Y no hacía falta que nuestros padres nos levantaran la mano, una mirada bastaba.

Y yo de pequeño veía dibujos violentos, jugaba a la consola, hacía el gamberro, me caía, lloraba, suspendía asignaturas y todas esas cosas que hacen los niños. Yo era un niño normal, básicamente porque mi familia se encargó de educarme como debía.

Ahora miren a su alrededor. Vean como ese niño juega al balón, tropieza con el anciano por la acera y ni se gira a ver cómo está ni si le ha hecho daño. Vean a ese otro que patea al vagabundo. En mi época también se pegaba a los niños en el colegio, pero esas cosas no salían por la tele ni tenía término en inglés, tan molón como "bullyng". Ni se sabía si los niños se suicidaban, ni los niños iban al psicólogo, ni teníamos a "Super Nanny". Éramos niños, pero todo esto ya pasaba.

Miren a todos esos cafres que tienen en casa o en las aulas, a todos esos que se ponen hasta las cejas de alcohol o droga cada fin de semana. Porque seguramente su hijo también lo haga, como casi todos. Eso sí, usted no lo reconocerá. Si a su hijo le castigan en el colegio, inmediatamente irá cara al profesor a impedir que coja manía a su hijo, porque a su hijo sólo le castiga usted (que jamás lo hará, porque es perfecto). Si a su hijo se le rompe el tobillo, inmediatamente irá al hospital. Pero si su hijo amenaza o agrede, si su hijo se droga o emborracha cada sábado, usted ni se inmute.

Piense que alguien como su hijo gobernará nuestro país en unos años. Piense que su hijo no es perfecto, es un niño que necesita ser educado. Piense que la asignatura de Religión no sólo no salvará el alma de su hijo, sino que no cambiará nada en su comportamiento estudiarla o no. Sencillamente, su hijo pega a otros porque usted lo consiente. Y ahora pregúntese qué tipo de sociedad estamos haciendo.

Original de Borja Ventura en Blog de Notas.

Hace 309 posts...

3 comentarios:

Ghanima Atreides dijo...

Cielos. Según iba leyendo tenía la impresión de que me estaban leyendo la mente...

Porcierto, que yo pasaba por aquí para dejarle un enlacito, a ver qué le parece, maese embajador:

http://www.thebestpageintheuniverse.net/c.cgi?u=cam_whore

Un saludo

Anónimo dijo...

que digo yo que aunque no sea culpa del gobierno (directa) algo de concienciación deberían de tener y publicitar... ¿no crees?

Sota dijo...

Por supuesto, Pijomad. Pero el gobierno no puede (ni debe, ojo) cambiar la forma de pensar de base de la ciudadanía. Y cuando hay tantísima gente que cree que la escuela está para educar (en el mejor de los casos, cuando no creen que es directamente para aparcar ahí a los niños), mal vamos. Porque la escuela lo que debe hacer es culturizar. Que no es lo mismo.

Ghani, es... curioso.