martes, 26 de diciembre de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XX)

Había oído hablar mucho de La Canción de Cazarrabo de Tad Williams, y siempre elogiosamente (aquí, por ejemplo, tienen una más que elogiosa crítica del maestro Kraken), así que, después de tenerlo como seis meses guardado en un cajón después de que mi hermano me lo dejase , lo cogí con ganas. Com nuchas ganas.

Y, en el fondo, tengo que decir, con todo el dolor de mi corazón, que me ha decepcionado. Porque hasta cosa de la mitad es, sin duda, LA novela. La historia de Cazarrabo, la descripción (detallista, puntillosa, perfectamente encajada hasta su más mínimo detalle) de la sociedad gatuna, y de los mitos y costumbres de esa sociedad, el viaje en busca de su gatita perdida (que es un perfecto ejemplo de manual de cómo se debe escribir -y describir- un viaje iniciático, y que casi se podría considerar una road-movie -bueno, road-novel- rural)... resumiendo, todo lo que contiene la primera media parte, son, secillamente, perfectos. Sin más. Un once sobre diez. No recuerdo haber leído nunca nada ni lejanamente igual. Bien escrito, apasionante, interesante (porque realmente logra que te intereses por el devenir de ese grupo de gatos, que te preocupes de lo que les pasa), bien ligado... y sin perder en ningún punto de vista que los protagonistas con gatos comunes, no personas disfrazadas de gatos ni gatos antropomorfizados. Gatos que piensan como gatos y actúan como gatos. Ya lo digo, perfecto.

Pero ay las, que a aquello de la mitad de la novela el autor, que vaya usted a saber en qué estaba pensando, introduce a saco un elemento sobrenatural más que potente (porque no es una excusa argumental o un deux-est-machina patillero para arreglar algo, el conocido y consabido método de lo-hizo-un-mago que tantas horas de diversión y risas nos ha provocado a los aficionados al género, sobretodo en su variedad más caspa, léase Harry Potter, no, es que convierte el elemento sobrenatural en el centro de la historia y en su hilo conductor) que no logra enviarlo todo al traste, pero lo intenta, vaya si lo intenta.

El libro sigue estando bien escrito, y sigue sin tener incoherencias ni inconsistencias, pero, para qué engañarnos, pierde de golpe y porrazo gran parte de su interés. Soy un apasionado del género fantástico y de la literatura sobre cosas sobrenaturales, a qué negarlo a estas alturas, pero aquí... no se, no pega. No encaja. Falla. La novela era demasiado perfecta como descripción de un mundo, de este mundo, visto desde otros ojos, los de un gato. Como historia de rito de iniciación, como novela de viajes, incluso como novela costumbrista, o mejor antropológica (o, para ser más exactos, felixológica, si me permiten el palabro grecolatino). Pero en el momento en que entran en escena los monstruos, los demonios, los dioses y la magia, se convierte en un dungeon más. Uno original y bien escrito, sí, vale (coño, si alguna vez yo fuese capaz de escribir la mitad de bien que ese tío, me daría por satisfecho), pero un dungeon. Y dungeons, le das una patada a una piedra y te salen cuatro. sí, será uno de los mejores jamás escrito y una de las obras fundamentales del género. Vale, todo eso ya lo se. Pero no me basta.

Una novela, pues, que con todo lo que tiene de bueno (que es mucho, y muy bueno), me ha dejado un sabor agridulce, porque acaba resultando fallida. Aún así, no puedo darle menos de un nueve. Porque sólo esa primera mitad ya vale un Potosí. Definitivamente, de lectura obligada para cualquier persona que quiera poder considerarse digna de ese nombre. Y si le gustan los gatos, ni te cuento.

(antes de que alguien lo pregunte, no, si no le gustan los gatos, es que no es persona)

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2 comentarios:

Urui dijo...

¿Te refieres a cuando empiezan a salir gatos mitológicos de por ahí? Ahí me pareció que flojeaba.

Y has tardado MUCHO en leerte ese libro (y no es solo por los 6 meses).

Sota dijo...

Me refiero a a partir de la mitad de la novela. Cuando avistan el montículo bajo el que están las cuevas, y empiezan a salir los gatos-demonio, y los gatitos-esclavos, y las coñas místicas...

Y he tardado lo justo y necesario. Ni un día más, ni un día menos. Aparte, el libro está leído (y el comentario escrito -en papel) desde Agosto. Simplemente, aún no lo había colgado.