viernes, 19 de enero de 2007

Pelotón de fusilamiento (XII)

En la Universidad de Cambridge está el laboratorio de Cavendish. Es la insititución científica más prestigiosa del mundo sin ninguna duda. Desde que abriera sus puertas en el siglo XIX, este centro de investigación ha sido el artífice de algunos de los avances más destacados de todos los tiempos: el descubrimiento del electrón, de los isótopos de los elementos ligeros de la tabla periódica, la división del átomo, el descubrimiento del protón y del neutrón, la revelación de la estructura del ADN, el descubrimiento de los púlsares y alguna más que no recuerdo. De hecho desde que en 1901 se estableciera el premio Nobel, algo mas de dos decenas de científicos del Cavendish lo han ganado.

En el edificio neogótico de la Free School Lane la vida no era fácil. No fue sencillo arrancar, y tras varios cierres temporales, un tal James Clerk Maxwell se hizo cargo de la dirección del centro. Maxwell se acabaría convirtiendo en “el físico más grande entre Newton y Einstein”. Por encima de una facultad innata para afrontar las dificultades con aplomo, su valor radica en que proporcionó las ecuaciones matemáticas que permitieron entender de forma correcta la electricidad y el magnetismo. Curiosamente estas dos entidades condujeron al germano Heinrich Hertz a identificar en 1887 las ondas electromagnéticas que hoy conocemos como ondas hertzianas u ondas de radio.

Lo más triste para la humanidad es ver como el esfuerzo intelectual y científico se goza en el retrete. Cada día, utilizando los descubrimientos de Maxwell y Hertz, en las ondas, ahora católicas, se vierten toneladas de estiércol sobre los españoles. A unos nos toca más que a otros. Concretamente los catalanes tenemos el honor de compartir el trono con otros colectivos. Losantos dijo hace algún tiempo que “el Gobierno español sólo habla con terroristas, homosexuales y catalanes, a ver cuándo se decide a hablar con gente normal”. Ahora defiende cosas peores entre la que destaca la teoría de que la presencia musulmana en España es una invención interesada. Según este pequeño talibán indigno y manipulador la historia académica “se inventa una civilización islámica que no ha existido jamás”.

Maxwell y Hertz murieron a finales del siglo XIX, el primero en 1879 y el segundo de septicemia en 1894. Nunca supieron que un perturbado con una obsesión enfermiza prostituiría su descubrimiento hasta este punto inasumible y delictivo.

Original (en castellano y catalán) de Marc Vidal.

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Inventar algo que puede ser útil para la educación, la comunicación, el entretenimiento o la actividad humana en general, y que venga una recua de subnormales a descargar su frustración a base de usarlo para putear a sus semejantes es algo habitual.

Casi una constante humana.

Sota dijo...

Casi?

Es lo que nos diferencia de los animales...