martes, 6 de febrero de 2007

Flere, Bacus, flere...

Seguramente ya lo he dicho más de una vez, pero desde que los neofeuds entraron con nocturnidad y alevosía en el hogar de las ideas políticas, durmiendo a sus ocupantes para que no se defendieran, secuestraron el concepto de "liberal", lo encerraron en un zulo y lo sometieron a todo tipo de vejaciones y violaciones, hasta provocarle un síndrome de Estocolmo que lo pervirtiera por completo, yo políticamente sólo puedo definirme como "libertino". Vale, no sólo políticamente. Porque el (sacrosanto para los neofeuds... cuando les interesa) mercado es una herramienta (ojo, y una herramienta muy útil), pero en ningún caso un fin en sí mismo, ni, mucho menos, una solución para nada. Y hay determinados temas (alimentación, sanidad, educación, defensa, energía, comunicaciones... economía) que son tan absolutamente ya no estratégicos, sino vitales para nuestra sociedad que no pueden dejarse al albur del mercado. Porque requieren de planificaciones a muy largo plazo, y, dejémonos de polladas, el mercado es miope como un topo y no ve más allá de los beneficios obtenibles en los próximos diez minutos. Cádiz, Cartagena, Valencia, Barcelona, Tarragona,... están donde están, y son lo que son, porque el estado romano decidió construir la Via Augusta (que actualmente recibe los mucho más prosaicos nombres de N-340 y AP-7). Y se construyó hace unos dos mil años. No hay mercado que pueda prever eso, pero un gobierno sí que puede. Se equivocará o no, pero tiene la capacidad de hacer una previsión a dos mil años vista.

Sin embargo, que sea partidario de la necesaria y decidida intervención estatal en determinados temas estructurales y superestructurales no me lleva tampoco al stalinismo, ni a adorar a Ford y desear un mundo feliz. Y es que, como decía la canción, de la piel pa'dentro mando yo, y considero que no debe haber estado (y mucho menos, mercado) con capacidad de decidir cómo debo vestir, a quién debo querer, qué debo comer o cómo puedo matarme. Porque eso son cosas que sólo me afectan a mí, y sobre las que sólo yo tengo capacidad de decisión. Por eso mismo me he declarado muchas veces (lo pueden ver arriba a la derecha) en rebeldía pública ante la ley de persecución inquisitorial del tabaco que está en vigor. Inciso: tan nefasta como esa ley me parece la actitud de Esperanza Aguirre Gil de Biedma de declarar en rebeldía similar a la institución que es la Comunidad de Madrid, porque le va en el sueldo acatar las órdenes dadas desde una instancia superior (sin demérito de que esta pueda ser recurrida por los cauces así establecidos, pero mientras no haya resolución de recurso debe obedecerse). Un ciudadano puede ponerse en rebeldía, una institución no (aparte de que tenga el convencimiento de que lo hace sólo por ponerse en contra del gobierno, y que si mañana mismo se retirase la ley del matrimonio entre homosexuales, antes de que se pusiese el sol doña Espe habría contraído nupcias con Rita Barberá, sólo por joder). Fin del inciso.

De igual manera estoy en contra (y así lo he hecho saber) de la persecución hacia el alcohol y los bebedores. Veo muy correcto, en cambio, la regulación y el control (incluyendo la prohibición en determinados medios y determinadas franjas horarias) de la publicidad de productos alcoholicos. Algo que a cualquier defensor del mercado le hace chirriar los dientes, pero que es de una lógica aplastante: si quieres reducir el consumo, educa y evita la promoción, pero no persigas ni al producto ni a los consumidores. Las leyes secas siempre han sido contraproducentes. Y lo mismo vale con el tema de la comida basura, donde aquí, y sin que sirva de precedentes, la ministra de sanidad ha hecho las cosas bien, y han sido Burguer King quienes, unilateralmente, han roto un acuerdo que previamente habían firmado (el de no promocionar superraciones, aunque las siguieran ofreciendo).

Incluso, y por acabar de definir mi postura al respecto, yo, que no soy ni he sido nunca consumidor de drogas ilegales (se lo crean o no, mi evidente desequilibrio psíquico es de natural, no producto de un mal viaje), soy también firme defensor de su legalización, de más está decir que bajo determinadas condiciones de control sanitario. Porque no tiene sentido que substancias como los opiacios mayores (morfina, heroína), cuyo uso lúdico es irracional y suicida, no puedan por ello ser usadas médicamente como anestésicos (que lo son, y son los mejores desde cualquier punto de vista, además), que los canabinoides no tengan reconocido ni el uso lúdico ni el médico (cuando, en cualquier índice de peligrosidad, están por debajo del alcohol), o que no se puedan usar en psiquiatría substancias como la MDMA (éxtasis) o el LSD, que ya en su momento demostraron ser de gran utilidad para el tratamiento de determinadas dolencias del alma. Simplemente, es que no ha lugar.

Por qué les suelto este rollo? Porque ojiplático y anonadado me ha dejado la reacción de determinados sectores de la casta opinadora y política española ante el plan del Ministerio de Sanidad para igual el estatus legal de una bebida alcoholica (el vino) con la de todas las demás. Medida con la que, a la luz de todo lo que he dicho antes, estoy radicalmente en contra, pero que es de lógica cartesiana: si consideramos que el alcohol es una substancia peligrosa, las medidas de control se han de aplicar a toda fuente de alcohol. Y digo que me quedo patidifuso e incluso turulato con esa reacción no porque esos mismos sepulcros blanqueados (por cierto, todos ellos defensores de la sacrosanta inviolavilidad del mercado y del clan de los que hablaba en el primer párrafo) aplaudieran con las orejas ante las medidas antitabaco o antibotellón, y ahora se rasguen las vestiduras y se lancen cenizas sobre la cabeza por esto, sino por los motivos aducidos, el principal de los cuales es que el vino "es un bien cultural". Ellos, que tanto se quejan ante las subvenciones al cine, el teatro o el arte (que vamos, en mi pueblo son cosas que se consideran cultura), y que llaman despectivamente "titiriteros" (como si eso fuese más despectivo que, pongamos por caso "tertulianos", cuando los titiriteros claramente necesitan de más habilidad y mejores guiones que los otros), y "que está en nuestra historia". Pues oigan, no se. Pero es que la cerveza es de origen neolítico, y aquí quizás no sea tan popular como en centroeuropa, pero beber, lo que es beber, siempre se ha bebido. Y en Arucas (Gran Canaria) llevan 450 años (que ya es tiempo como para enquistar algo en una cultura) destilando ron (y uno muy bueno, por cierto), siendo la destilería más antigua de la Unión Europea y probablemente también de África. Si eso no es un bien cultural, que baje el Monstruo del Spagetti Volador y lo vea. En cualquier caso, es más tiempo del que tienen la mayoría de bodegas y viñedos españoles. Y tampoco es que sea el único destilado con una laaaaarga tradición en las Españas todas, porque aguardientes, orujos, patxaranes y demás aquí de siempre que se han bebido por litros. Pero es que además, el alcoholismo (porque la excusa para esto es el alcoholismo, no los accidentes de tráfico o laborales, por ejemplo, que la cosa parte de sanidad y no de interior o trabajo) tradicional y de toda la vida en España ha sido por vino, no por cerveza ni por destilados. Fariseos, más que fariseos.

Y casi que no me ponga a hablar del consumo de derivados de solanáceas, porque me puede dar la risa tonta...

(y si alguien que sepa latín me declina bien el título, pues se lo agradeceré y tal...)

Hace 309 posts...

5 comentarios:

casta dijo...

Oigame usted más de acuerdo no puedo estar...
Por cierto me he exaltado en el post anterior con un comment...

Sota dijo...

Es lo que tiene explicar obviedades y verdades del barquero, Casta, que la gente, quieras que no, está de acuerdo contigo.

Y no, no te has exaltado para nada. Bastante comedida, has estao...

Pryrios dijo...

A miiiiiii me gusta el bipiribipipí
de la booota al finaaaal barabapapá
con el bipiribipipí
con el baparbapapá
y al que noooo le guste el vino
es un animaaaaaal
es un animaaaaaal
es un animaaaaaaal!

Quizas, por lo de que "es un bien cultural" se referían a esta canción, quien sabe.

Sota dijo...

No, a ver, Pry, si que es un bien cultural de primer orden no creo que haya nadie que lo ponga en duda. Todos los alimentos son bienes culturales de primer orden.

Lo que yo digo es que no es más bien cultural que la cerveza, el orujo o el ron. Y que pusieran medidas contra esas otras bebidas no nos molestó más que a los cuatro que nos quejamos siempre.

Manu dijo...

Cinco :-)