martes, 19 de septiembre de 2006

Literatura de a veinte pelas el litro (XVI)

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En un futuro lejano, donde la humanidad se ha expandido cual plaga de langosta por las galaxias, terraformando cualquier mota de polvo que se cruzase en su camino, y donde las grandes corporaciones transplanetarias hacen y deshacen a su antojo, las cosas no han cambiado tanto con respecto a la actualidad. Por ejemplo, los ordenadores del Departamento de Xenobiología y Gandulfotecnia de la Universidad de Hlanit están cargados hasta las orejas de programación pirata. Algunas cosas, pero, que han cambiado. Porque como el doctor Collins descubre, intentar escribir una novela con un procesador de textos que dispone de un corrector de estilo integrado que, al ser un programa no registrado, no se puede desconectar, y que dispone de una avanzada inteligencia artificial y un sentido del humor un tanto... digamos... sardónico, puede ser una pesadilla que los que nos tenemos que pelear con un Windows que se cuelga cada dos minutos ni nos imaginamos.

La cosa hubiese sido más simple si, antes de decidirse a escribir una novela de espada y brujería hard para presentarla al premio UPC (Universidad Polifacética de Centauri), se lo hubiese pensado dos veces y se hubiese dado cuenta de que, simple y llanamente, tenía menos idea de escribir que el juntaletras abajofirmante (que ya es triste), que intentar mezclar los estilos de escritura de Robert E. Howard, Howard Phillips Lovecraf y un friki adolescente medio en pleno subidón "soy lo más mejor del mundo mundial, cómo me molo a mí mismo" no es la mejor idea del mundo, y si hubiese sido capaz de separar el devenir de su novela de su encoñamiento y consiguientes intentos de acoso y derribo a la estudiante rubianatural que sólo tenía en mente el endrogarse neciamente y follar como una coneja en celo. Porque lo cierto es que la novelita tenía cojones, vamos. Y claro, el corrector de estilo no tenía más remedio que hacer su trabajo. No es que se lo estuviese pasando bien burlándose del profesor-de-universidad-que-no-le-había-registrado, claro...

Por supuesto, las cosas no pueden ser tan simples como todo eso, y, como los antivirus también eran piratas (y, encima, un coladero, que a ver a quién se le ocurre confiar en un antivirus llamado Turbokeeper Mascafé), un virus hijoputa se cuela en el sistema, amenazando con enviarlo todo a hacer puñetas. Afortunadamente, la señora de la limpieza, una inmigrante ilegal shaddaíta, que se había hecho amiga del corrector de estilo (e incluso lo había bautizado como Jonathán) se compadeció de su amigo (Jonathán, no Collins) y se dejó sus (escasos) ahorros en contratar un antivirus militar que, finalmente, pudo acabar con el virus hijoputa. Pero Jonathán había quedado malherido por el virus, y el antivirus se vió obligado a hacerse pasar por él mientras se reparaba. Y claro, se pueden imaginar a una inteligencia artificial militar actuando como corrector de estilo literario de una novela de espada y brujería? Dando su opinión sobre una carga de caballería escrita por alguien que en su puñetera vida ha visto un caballo? Pues eso.

Surrealista, disparatada, histriónica. Dar de comer al sediento, la novela corta de Eduard Gallego y Guillem Sánchez, que completa el volumen 4 de la colección Unicorp de Silente Ciencia-Ficción que abría El factor crítico, es una crítica despiadada y pasada por ácidos tanto del mundo de los departamentos universitarios por dentro como del de los literatos y los premios literarios. Divertida, muy divertida. En el debe, el final más que predecible y el ataque al programario libre y a la piratería informática (que, como ustedes saben, por más que Teddy Bautista y sus alegres mariachis digan lo que digan, no es tal), por más que la maldisfrace de defensa del programario legal. Pero aún así se disfruta, y mucho. Un ocho largo.

Hace 308 posts...

3 comentarios:

Urui dijo...

"el ataque al programario libre"

¿uh? Pues si me sale de los ovarios ser legal y no pagar un jodido duro por software no hay escritorzuelo que me lo impida.

Comentario patrocinado por "qué pronto es y qué mal he dormido esta noche" S.A.

Gatobonzo dijo...

Sota, me tienes alucinado.

¿De dónde sacas tiempo para escribir estos tomos?

¿Estás jubilado?

Envídia me dan los escritores tan prolíficos, con la anoréxia literaría que sufre mi blog.

p.s. Me suprimo mis propios comentarios porque tienen faltas de ortografía, conste.

Sota dijo...

Jubilado? No, por dios. Que tengo ventinueve veranos, sólo...

Raramente dedico a un post más de una hora (después de cenar, para hacer bajar la cena). Y a veces, los que son cosas totalmente ajenas a la actualidad (como los de los libros) los preparo los fines de semana, en ratos muertos, y los voy distribuyendo después. Tampoco es tanto, digo yo. Piensa que posts, lo que se dicen posts, suelo hacer cuatro-cinco a la semana, sólo, que las citas y los tests como quien dice se hacen sólos, y cada poco cae una canción o un anarroseo de otro sitio, que tampoco es que den mucho trabajo.

Por las faltas no te preocupes, hombre, que el primero en darle de patadas a la ortografía, a la gramática y a doña María Moliner soy yo. Mientras no sean cosas del palo "himvestigacion", que se me caen los ojos, y el mensaje no vaya de mal rollo...

(por vamos, "anorexia" es llana acabada en vocal y "literaria" tiene un diptongo al final que no hay por qué romper, las dos tildes sobran, jurl jurl, jurl....)