martes, 25 de julio de 2006

Fouminismo

Como lo prometido es deuda (y además ya me han tocado la cresta por no haber hecho aún el post, la poca paciencia que tiene la gente para según qué cosas). Hablemos de hembrismos, feminismos, feminoidismos y demás malas hierbas.

El caso es que hace unos dias una amiga, mu' feminista ella (aunque no por ello menos encantadora ni mejor persona, aunque use deuvedeses como decoración, ejem), se quejaba amargamente... no, perdón, eso suena a que se puso en plan plañidera, sería más correcto decir que ponía el grito en el cielo (y en su muy feminista, aunque no por ello menos encantador ni interesante, blog, a raíz de una conversación captada por radio macuto en el autobús. Pueden leerlo aquí. La cosa venía a ser que dos señoras de mediana edad (que alguien me explique lo que significa eso, que yo soy de ciencias putas, digo puras), con hijos adolescentes estaban rajando sobre ellos, y una de ellas decía algo así como que "prefería a los chicos, porque son más nobles". Copioypego otras lindezas, siempre según la versión de la siempre linda Angua: "Además son más inocentes, y van siempre de frente", o "las niñas son mas malas. Y eso lo digo yo, que soy mujer, y lo reconozco, pero es lo que hay".

Según Angua, esas expresiones son una demostración de machismo inherente. Que no seré yo quien discuta ni niegue (es más, lo afirmo y defiendo ante quien sea y cuando quiera) que las peores enemigas de la (muy loable) causa feminista son las propias mujeres, muy por delante de los hombres, que en el fondo somos unos pardillos con sobredosis de testosterona (y cuando quieran nos ponemos a hablar de los males que han traido a la humanidad las sobredosis de estrógenos, que también cágate lorito, pero ahora estábamos hablando de testosterona), pero el caso de esas dos mujeres no es un caso de machismo, ni mucho menos. Es más, yo, en tanto que hombre, me siento directamente ofendido por el comentario. Vamos, que si las tuviese delante las retaba a un duelo a espadas detrás de la catedral a las seis. Es un caso de libro de hembrismo y de cobardía. Pero vayamos por partes.

Digo que me siento ofendido. Y tanto que sí. Esas dos... marujas me han llamado tonto, simple, inocente (y me disculparán, pero en ese contexto me veo obligado a entender la palabra en su tercera acepción -cándido, sin malicia, fácil de engañar-, o en su defecto, en la sexta -coloq. ignorante-, que no se qué es peor), incapaz de ser sibilino, incapaz de maquinar algo... sólo por el hecho de que lo que tengo entre las piernas cuelga hacia afuera en lugar de introducirse hacia adentro. Y eso no se lo consiento ni a mi padre. Podría aceptar, en tanto que generalización (injusta como todas las generalizaciones, pero vamos a ir de buena fe) los dos últimos casos. Los hombres somos, en general, físicamente más fuertes que las mujeres, las quejas, a mamá biología, y, en contraposición, las mujeres han desarrollado la habilidad social (que no biológica) de ser más sibilinas. Aquello tan viejo de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. En el momento en que se generan estructuras sociales basadas en la fuerza bruta (entre las que fíjense que cosas, prácticamente no se cuenta ningún matriarcado), las mujeres quedan relegadas a un segundo plano social, y como, lógicamente, las mujeres no se conforman a mantenerse en ese segundo plano, y biológicamente no están dotadas (por tercera vez, generalización tan injusta como todas) para ponerse en plano de igualdad en lo que a fuerza bruta se refiere con el hombre, lo que, inteligentemente, hacen, es ponerse detrás y dedicarse a mover los hilos. Que se peguen ellos. Que es, si se fijan, lo que pasa en la mayoría de las casas, que de puertas para afuera es el hombre el que lleva los pantalones, pero de puertas para adentro es la mujer la que decide lo que se hace o se deja de hacer.

Me dirán que como cuadro eso con los casos de malos tratos tan desgraciadamente de actualidad. Bien, quitando los casos de psicópatas (que haberlos haylos), de peleas que acaban mal porque los ánimos se caldean más de lo que deberían y los cuchillos están demasiado a mano en cocina (que haberlas haylas) y de mujeres muy malas (que haberlas haylas, también), hay que tener en cuenta que, en nuestra sociedad, la fuerza bruta pura se haya cada vez más modulada por otros factores (no me atrevo a llamarlos inteligencia, pero quizás sí formación) que han, digamos, llevado a las mujeres al mismo nivel (teórico) de los hombres. Obviamente, las condiciones no son las mismas, pero el punto de partida sí. Pero, en el camino, los hombres no hemos desarrollado, para compensar, esas habilidades sociales que eran campo de las mujeres. Para que me entiendan, si hace siglos el hombre usaba la espada y la mujer el veneno, hoy en día el hombre sigue usando la espada y las mujeres el veneno... pero las mujeres TAMBIÉN usan la espada. Una espada mellada y más pequeña, si quieren, pero una espada al fin y al cabo. Y hay descerebrados (o pongan el adjetivo peyorativo que les apetezca) que no son capaces de entender, aceptar o asimilar esto, y responden de la única manera que saben: con la espada. Lo cual, si se fijan, encaja perfectamente con que los índices de maltrato doméstico más elevados se den, sorpresivamente para muchos, en los países nórdicos, donde son gente civilizada y donde la situación de la mujer está mucho más igualada a la del hombre que en el resto del mundo.

Pero vamos, que esto son generaciones muy grosso modo, y que en lo personal, lo que dijeron las marujas esas me sigue pareciendo una afrenta personal. No habré desarrollado otras habilidades sociales, pero esas, precisamente, sí. Puedo ser más pérfido, sibilino y, en resumidas cuentas, malo que cualquier mujer. Es más, me sale natural.

Y sigo en el próximo post, que esto se alarga demasidao.

Hace 307 posts...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Entonces comentare en el proximo post.

Eclep.

Soliloco dijo...

Esto de los posts interruptus me mata eh?

Pero no te ofendas... casi mejor que piensen eso.. asi tenemos el extremo placer de ver esa mirada de sorpresa-incompresion cuando se dan cuenta de lo que somos capaces de maquinar.

Anónimo dijo...

Ya lo dije en mi blog pero... la intención del discurso es el 90% del discurso. Las palabras escogidas no lo son al azar.

Por otro lado hay cosas que me molestan, pero passssssso.

Sota dijo...

Eclept, eso no valeeeee. Lo que haya que comentar de ESTE post, comentalo aquí.

Soli, así me aseguro más visitas. Es como acabar una temporada de una serie con un final imprevisto y emocionante que obligue a quien la vea a tragarse la siguiente temporada para saber quién disparó a JR.

Anguanónima, tu misma...

Maggie Wang dijo...

Hmmm, esa reflexión final, hmmm ¿nos estás insinuando que realmente eres una mujer? ¿ein?

Sota dijo...

Para nada, Maggie. Relee. Soy mucho peor que cualquier mujer.

Bueno, igual peor que tú no. Pero tú es que juegas en una liga aparte.

La vida de Duncan dijo...

¿Como era aquello? Soy mucho más hombre que tu, pero más mujer que cualquier fulana que te hayas podido follar?

:)

Me gust tu posta. (por femeneizar un poco la frase, y eso)

Sota dijo...

No, no, no, Duncan. No soy más hombre que nadie y soy mucho menos mujer que muchas (y muchos). Eso de entrada.

PERO cuando soy malo, puedo dejar a Mae West a la altura de una monja de clausura autista.